24/11/18

El rincón de los libros: El Nix, de Nathan Hill



De haber sabido que su madre se marchaba, tal vez Samuel habría prestado más atención. Habría podido escucharla con más interés, observarla con más detenimiento, anotar algunos detalles cruciales. Quizá habría sido capaz de comportarse y hablar de una manera distinta, de ser una persona distinta. 
A lo mejor podía haber sido un hijo por el que valiera la pena quedarse
El Nix es la primera novela del estadounidense Nathan Hill en la que nos cuenta la historia de Samuel, un profesor de universidad de mediana edad que emplea los videojuegos como manera de evadirse de una realidad que no le gusta, y de la que culpa a su madre, que le abandonó cuando él era apenas un niño. Sin embargo, todo cambia el día en el que recibe una llamada del abogado de su madre, acusada de terrorismo por tirarle piedras al gobernador. En ese momento, y sin darse cuenta, Samuel emprende un viaje que le hará replantearse todo su pasado.

Sexo, drogas, activismo y rock and roll

Este libro me ha parecido una verdadera joya, tanto a nivel narrativo como a nivel histórico. Creo que es un libro necesario para que reflexionemos sobre qué es lo que realmente merece la pena en la vida y nos haga darnos cuenta de cómo nuestro pasado no necesariamente tiene por qué condicionar nuestro presente. Todos los personajes que podemos observar a lo largo del libro, sin excepción, sufren una evolución increíble a medida que pasa el tiempo hasta convertirse en personas totalmente distintas a cómo eran al principio, cosa que, aunque ocurra indudablemente en la vida real, suele escasear en el terreno literario.
Si optas por la solución fácil todos los días, al final se convierte en un patrón de comportamiento, y los patrones se convierten en tu vida.
El libro es un continuo ir y venir de escenarios y épocas históricas pero no se hace lioso en absoluto. Está dividido en varias partes y cada una de ellas está ambientado en un periodo comprendido entre los años 60 y el 2011. Es curioso como Nathan Hill es capaz de dibujar de manera única los paralelismos entre ambas épocas (las protestas de 1968 contra la guerra de Vietnam y el movimiento Occupy Wall Street son un claro ejemplo) y cómo trata las diferencias entre los problemas sociales del 68 y los de 2011, poniéndolos todos en el contexto del ciudadano de a pie, sin entran en largas y tediosas disqisiciones acerca de la situación internacional. Tan solo algunas referencias a la guerra de Vietnam, a Nixon y a Walter Conkrite le bastan para ponernos a todos en contexto acerca del ambiente de aquellos años tan turbulentos.

Este señor de aquí el Walter Conkrite, presentador de las noticias en la CBS y el que durante años fue "el hombre más fiable de América". 
Personalmente, el libro me hizo pensar (¿qué libro no te hace pensar, Alejandra 🤔?). Antes os decía que creo que es un libro necesario por eso del pasado y el presente y blablablabla. Pero también creo que es muy necesario por otra razón: hoy en día (y esto no me lo podéis negar) vivimos en una sociedad fatalista y radicalizada. Y nos creemos que es el fin del fin del mundo y que todo va a ir a peor y nosequé. Pues bien, resulta que este libro nos muestra que ya en mayo de 1968 (os hablo de hace 50 años) la gente pensaba exactamente lo mismo. Y los jóvenes eran mucho más radicales y mucho más vehementes en sus opiniones de lo que lo somos hoy en día. Los disturbios  y las manifestaciones de Francia y Chicago me dan la razón. En serio, la gente en Francia hacía barricadas. Y eso son palabras mayores. La gente en Francia cuando se revoluciona, lo hace pero bien.

Gente liándola parda en 1968 en Francia. Para que veáis que no os miento
Manifa yéndose de las manos en 1968 en Chicago. Pata que veáis que tampoco os miento sobre esto.
¿Por qué a pesar de todas estas manifestaciones, y todos estos disturbios no cambió nada en absoluto? (Historia triste is coming). Este es otro de los temas que Hill trata en el libro y la solución que nos ofrece es la siguiente: todos estos jóvenes crecieron. Crecieron y acabaron teniendo un trabajo estable en una oficina, y se compraron una casa y un coche todoterreno y se casaron y tuvieron hijos. Y un buen día, sin apenas darse cuenta, se encontraron viviendo exactamente como se juraron a sí mismos que nunca harían. Es más, es posible que el chico que veis arriba con sus gafas a lo John Lennon acabase trabajando en Pricewaterhousecoopers y teniendo una casaza, siete hijos y un Rolex, exactamente como ocurre con Sebastian, uno de los personajes del libro [ALERTA SPOILER: SELECCIONA LO BLANCO SI QUIERES SEGUIR LEYENDO] que pasa de ser un joven estudiante que edita un periódico revolucionario en la Universidad a ser un rico empresario sin escrúpulos, con más dinero del que cualquiera puede llegar a imaginar y que no tiene ningún reparo en pisar a nadie con tal de conseguir más dinero. [FIN DEL SPOILER] La novela nos sumerge de lleno en este ambiente y nos muestra las dos caras de una generación: por un lado, aquellos que, descontentos, se 'vendieron' al sistema y por otro lado, aquellos que permanecieron fieles a su idealismo (como es el caso de la madre de Samuel)
Ella nunca le había perdonado la lujuria de su juventud, sus deslices tempranos. Nunca se lo había perdonado, pero tampoco hablaba nunca de ello, sobre todo desde el accidente que lo había dejado en silla de ruedas, lo cual era una solución eficaz. Sí, Dios lo había castigado por su lascivia, y su mujer había prolongado el castigo durante décadas, y ahora él se dedicaba a castigar a los demás. Se le daba bien. Había aprendido de los mejores. 
En cuanto al desarrollo psicológico de los personajes, solamente puedo decir que es impecable. En el libro hay absolutamente de todo tipo de personajes, y todos ellos, sin excepción, cuentan con una profundidad única (bueno, alguna excepción si que hay, claro, pero son personajes muy muy secundarios). En la obra podemos ver desde una joven y exitosa violinista hasta un adicto a los videojuegos que lleva años y años jurándose a sí mismo cambiar, pasando por una antigua hippie lesbiana que vive en el bosque o un juez amargado en silla de ruedas. Todos ellos tienen una historia detrás y Hill nos las muestra todas para que seamos nosotros los encargados de juzgar sus acciones (o simplemente seamos conscientes de cómo han llegado hasta ahí). Y además consigue hacerlo de una manera más que brillante. 
Las cosas que más amas serán las que más daño te harán algún día.
En cuanto al estilo, simplemente os diré que leer a Nathan Hill es una maravilla. Transmite todo con una viveza única (hay una parte en la que uno de los personajes sufre un trombo pulmonar y os juro que apenas podía sujetar el libro de lo real que era todo) pero no por ello exento de humor. Hay situaciones de lo más graciosas, pero es una ironía muy bien hilada. No recurre al chiste fácil, sino que hay que tener en cuenta toda la situación, y eso me encanta.
 —Ojalá el mundo real funcionara como Elfscape —dijo Pwnage sin dejar de masticar—. Ojalá los matrimonios funcionaran así. Que cada vez que hiciera algo bien me dieran puntos hasta convertirme en un marido máster de nivel cien. O cada vez que me comportara como un capullo perdiera puntos, y cuanto más me acercase al cero más cerca estaría también el divorcio. 
Para no alargarme más (que me vengo arriba muy rápido) os diré que es un libro recomendable al 100%. Nos hace ver la realidad desde otro punto de vista, nos descubre una historia que tal vez (al menos en mi caso) desconocíamos y nos arrancará alguna que otra carcajada. ¿Qué más se puede pedir?


¿Y vosotr@s? ¿Habéis leído el libro? ¿Qué os pareció? ¡Los comentarios son más que bienvenidos! Un besazo y...


¡Hasta la próxima aventura!

11/11/18

El rincón de los libros: Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie


Princeton, en verano, no olía a nada, y si bien a Ifemelu le gustaba el plácido verdor de los numerosos árboles, las calles limpias y las casas regias, las tiendas con precios exquisitamente prohibitivos y el aire tranquilo e imperecedero de elegancia ganada a pulso, era eso, la falta de olor, lo que más la atraía, quizá porque las otras ciudades estadounidenses que conocía bien poseían olores muy característicos.
Americanah es la última novela de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Con claros tintes autobiográficos, la obra cuenta la historia de amor de dos jóvenes, Ifemelu y Obinze. Decididos a salir de la miseria de una Nigeria gobernada por la dictadura militar y después de que a Ifemelu le concedan una beca para irse a estudiar a Estados Unidos, el futuro de ambos jóvenes parece ligado al de la Tierra de las Oportunidades. Pero, sin embargo, las cosas entre ellos no tardan en cambiar.  
—La única razón por la que dices que la raza no fue causa de conflicto es porque desearías que no lo hubiera sido. Es lo que deseamos todos. Pero es mentira. Yo vengo de un país donde la raza no era motivo de conflicto; no pensaba en mí como negra, y me convertí en negra precisamente cuando llegué a Estados Unidos. Cuando eres negro en Estados Unidos y te enamoras de una persona blanca, la raza no importa mientras estéis los dos juntos y a solas, porque estáis únicamente vosotros y vuestro amor. Pero en cuanto salís a la calle, la raza sí importa. Pero no hablamos de ello.

Los puntos sobre las íes

Una de las cosas que más interesantes me han parecido de esta novela, es la manera en la que tiene la autora de poner el foco en un tema que, aunque no se hable mucho de él, sigue estando muy presente en nuestro día a día: el racismo. Como con muchos otros movimientos que persiguen la igualdad (el feminismo sin ir más lejos) el racismo tiende a ser un tema que, bajo el lema de "ya se ha superado eso y a las personas negras ya no se las juzga por el color de su piel" o el tan manido "no importa que seas negro o blanco, lo que importa son tus capacidades". Ngozi nos demuestra con esta novela que, de hecho, sí que importa si uno es negro o blanco, e importa mucho. A través del personaje de Ifemelu, que pasa de la pobreza más absoluta a ser una bloguera de éxito que, a través de su blog Raza o Diversas observaciones acerca de los negros estadounidenses (antes denigrados con otra clase de apelativos) a cargo de una negra no estadounidense, Ngozi pone de manifiesto los problemas reales a los que las personas negras se tienen que enfrentar cuando huyen de su propio país. 
—¿Por eso has dejado de comer? Te has quedado sin culo. Yo siempre quise tener un culo como el tuyo —dijo Ifemelu.
—¿Sabes que empecé a perder peso casi nada más llegar? Incluso estuve al borde de la anorexia. Los chicos del instituto me llamaban «foca». Como sabes, en Nigeria, cuando alguien te dice que has perdido peso, no es un cumplido. Aquí, en cambio, si alguien te dice que has perdido peso, le das las gracias. Aquí las cosas son distintas.
A través de los ojos de Ifemelu y de Obinze vemos cómo no es oro todo lo que reluce y cómo ambos tienen que hacer frente a los prejuicios raciales de una u otra manera. El libro nos muestra una visión completamente diferente de la sociedad en la que vivimos, demostrándonos que, aunque no lo creamos, aún queda mucho trecho por recorrer en el terreno de la igualdad racial.
—¡Vámonos a París mañana! —dijo un fin de semana—. Ya sé que es muy poco original, ¡pero tú nunca has estado allí y me encanta tener la oportunidad de enseñarte París!
—No puedo coger e ir a París sin más. Tengo pasaporte nigeriano. Necesito solicitar un visado, con extractos bancarios y seguro médico y toda clase de pruebas de que no me quedaré allí y me convertiré en una carga para Europa.
—Ya, me olvidaba de eso. Vale, iremos el fin de semana que viene. Resolveremos eso del visado esta semana. Pediré una copia de mi extracto bancario mañana.
Aparte del racismo, lo cierto es que la novela trata bastantes temas muy interesantes como el feminismo (no olvidemos que Adichie es una destacada feminista), el choque cultural, la necesidad de reafirmación de uno mismo en un país extranjero, la diferencia entre países desarrollados y subdesarrollados, las relaciones a distancia, la diferencia de clases o, incluso, el suicidio juvenil.

Americanah (que por cierto es el apelativo que se usa en Nigeria para denominar a las personas que han ido a Estados Unidos y luego han regresado a su país) me ha resultado una novela muy completa pero, a la vez, muy ligera. Teniendo en cuenta que la protagonista no deja de rodearse de personas que pertenecen al ámbito académico, hubiera sido muy fácil que Adichie acabase cayendo en el error de hacer una novela con un lenguaje excesivamente rebuscado o complejo, o de plantear temas demasiado abstractos y completamente ajenos al lector. Y, sin embargo, no ocurre nada de eso. En ningún momento la novela cae en un tono academicista sino todo lo contrario. Tanto Ifemelu como Obinze nos demuestran que, si bien han tenido relación con estos círculos de una u otra manera, no dejan de ser personas normales cuyo único objetivo es salir adelante de la mejor manera posible. Ifemelu es consciente en todo momento de que está viviendo en un país que no es el suyo y que nunca acabará por aceptarla por completo, y para defenderse en este mundo hostil acaba por recurrir a su ojo crítico y a su característica capacidad de decir lo que piensa sin tapujos, cosa que me encantó. Creedme cuando os digo que los 'zascas' de esta mujer son ÉPICOS.
A veces le preocupaba ser demasiado feliz, y entonces, se le torcía el ánimo y arremetía contra Obinze o se mostraba distante. Y su alegría se convertía en desazón y aleteaba dentro de ella como si buscara un resquicio por el que salir volando. 
La novela tiene el peculiar 'estilo Adichie' que, a mi personalmente, me encanta. Sus frases son sencillas pero sin llegar a ser ese tipo de frases cortas y directas, sino que se nota una preocupación por el estilo detrás. Además, la capacidad de la autora para describir los lugares a través de maneras tan sugerentes como los olores cobra una especial importancia y permiten que el lector se sumerja completamente en esta historia, que siempre te mantiene enganchado de una u otra manera.

He de confesaros que, en un primer momento, no me interesaba demasiado la historia, porque no me parecía que algo tan sencillo como la historia de amor entre dos adolescentes que se ven obligados a separarse fuese para mí. Y, sin embargo, Adichie ha sido capaz de tratar en su novela tantísimas cosas, que este libro me ha parecido imprescindible. Porque, bajo el envoltorio de la historia de amor de Ifemelu y Obinze, hay muchas más cosas que trascienden a los propios personajes y que nos hacen pararnos a pensar en la sociedad en la que vivimos. A través de sus protagonistas, somos capaces de captar cosas que solamente una mujer negra podría contarnos porque, por mucho que nos esforcemos, las personas blancas no vamos a ser capaces de verlo. Sé que esta es una verdad muy dura (y un tanto incómoda), pero esta novela nos demuestra que el tema de la raza es un tema candente incluso a día de hoy, y que es un aspecto que envuelve todos y cada uno de los instantes de las personas negras que viven en otro país mayoritariamente blanco.
«El primer paso para una comunicación sincera sobre la raza es tomar conciencia de que uno no puede considerar iguales todas las formas de racismo», dijo, y a partir de ahí, acometió un discurso cuidadosamente preparado. Cuando, al acabar, dijo «Gracias», complacida por la fluidez de su charla, los rostros de los presentes permanecieron inexpresivos. Los aplausos desganados la sumieron en el desánimo. [...] Esa noche recibió un e-mail: EN TU CHARLA NO HAS DICHO MÁS QUE CHORRADAS. ERES UNA RACISTA. TENDRÍAS QUE AGRADECER QUE TE HAYAMOS DEJADO ENTRAR EN ESTE PAÍS.
Lo curioso de la novela es la manera tan diferente en la que Ifemelu y Obinze viven sus particulares experiencias en el extranjero. Curiosamente, aunque Ifemelu era la que menos deseaba vivir fuera, es la que se lleva 'la mejor parte', mientras que Obinze, por el contrario, se ve catapultado a lo más sórdido y se lleva lo peor en la lotería que supone viajar a otro país tratando de buscar un futuro mejor:
Todo el mundo bromeaba sobre la gente que se iba al extranjero a limpiar váteres, y por eso mismo Obinze afrontó su primer empleo con ironía: en efecto estaba en el extranjero limpiando váteres.
Lo que más me ha cautivado de esta novela, aparte de el hecho de que sea increíblemente completa, es cómo los personajes van evolucionando sin que apenas nos demos cuenta. Puesto que transcurre a lo largo de 15 años, vamos asistiendo a la maduración de los protagonistas y vamos viendo cómo cambian a la vez que nosotros vamos cambiando con ellos. Me gusta que en la novela se respire constantemente un poso de realidad que, sin duda, emana la propia experiencia de la autora. El libro es casi como una especie de 'guía vital' para todos aquellos jóvenes africanos que quieren emigrar a países como Estados Unidos (una guía que, por otro lado, les demuestra que no es oro todo lo que reluce y que no todo es perfecto solamente porque uno se ha ido al extranjero, que es algo que yo creo que todo el mundo tiende a pensar), a la par que permite que las personas blancas que vivimos en los países desarrollados podamos ser capaces de darnos cuenta de nuestras propias estupideces. Adichie señala con el dedo todos y cada uno de los vicios de la sociedad blanca (empezando por el empeño de hacer ver a toda persona negra con la que nos encontramos que No Somos Racistas poniendo ejemplos como que 'tenemos un niño apadrinado' o intentar sacar el tema de África sin venir a cuento), a la par que nos muestra las distintas caras de las personas negras que vienen a lugares como Europa con el único objetivo de labrarse un futuro mejor que el que ya tenían, aunque el que tuviesen desde un principio no fuese tan espantoso como el que tendemos a imaginar.

En definitiva, con Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie no ha hecho otra cosa que ofrecer un puente hacia el entendimiento entre razas.

 ¿Y vosotros? ¿Qué opináis? ¿Habíais leído algo de Chimamanda? ¡Dejad vuestro comentario! Un besito y...

¡Hasta la próxima aventura!

9/9/18

Librerías con encanto: Livraria Lello

La Livraria Lello (Portugal) es considerada una de las librerías más bonitas del mundo
¡Hola a tod@s! Recientemente fui a Portugal y tuve el placer (o la desgracia) de visitar una de las librerías más bonitas del mundo, la Livraría Lello. Antes de contaros mi particular experiencia en esta visita, vamos con un poco de historia del edificio, que tiene para dar y tomar. 

Inaugurada en 1906 por los hermanos Lello, burgueses reconocidos por su activa participación en la vida social y política, y su amor por la cultura, la librería Lello está ubicada en un impresionante edificio neogótico en el corazón de Oporto, junto a la Torre de los Clérigos. Este edificio fue diseñado por el ingeniero Francisco Xavier Esteves. Las ventanas están flanqueadas por dos figuras que representan el Arte y la Ciencia, lo que nos da una idea del carácter de ambos hermanos. Arquitectónicamente hablando, la  Librería Lello es uno de los edificios más emblemáticos del neogótico portuense.

Sin embargo, lo que más llama la atención de la librería, no es su fachada (que ya os digo que es preciosa), sino su interior. Dentro de la librería nos encontramos con la archiconocida escalera carmesí, que es la que verdaderamente atrae a cientos (por no decir miles) de turistas al día. Según cuenta la leyenda, JK Rowling se inspiró en estas escaleras para crear las escaleras de Hogwarts (aunque se parecen como un huevo a una castaña, pero la librería ha sabido sacarle partido al rumor). 

Rumores aparte, sí que es cierto que la librería fue, durante mucho tiempo, el corazón de la intelectualidad Oporto. La librería Lello fue la primera en publicar las obras de Eça de Quirós o  Camilo Castelo Branco, cuyos bustos se pueden contemplar en el interior. Hoy en día es, simplemente, un lugar de peregrinación para turistas.

Mi experiencia en la librería Lello

Si os soy sincera, yo desconocía completamente la existencia de esta librería (shame on me), pero cuando me enteré pensé que sería una buena idea ir a visitarla. Es una librería en una calle cualquiera, que solamente se diferencia de los demás edificios por la decoración de su fachada y, sobre todo, por la cola de gente esperando para entrar. 

En contra de lo que uno podría esperar, hace falta pagar por entrar. Una rápida búsqueda por internet me ha revelado que el precio de la entrada se ha ido encareciendo con el paso del tiempo. Primero fueron 3€, luego 4. Ahora son 5€. No me hizo mucha gracia pagar (al fin y al cabo, es solamente una librería), pero la posibilidad que ofrecen de obtener un descuento de 5€ en un libro, me animó. Al fin y al cabo, pensaba comprarme un libro de todos modos. 

La entrada no se paga en la misma librería, tienes que ir a otro sitio que está a unos 50 metros, y ahí se compra. Nada más entrar a ese otro edificio, lo primero que llama la atención es que está absolutamente lleno de merchandising de Harry Potter (os dije que habían sabido rentabilizar el rumor). Yo compré simplemente mi entrada y me fui a esperar la segunda cola del día para entrar a la que, en su día, Enrique Vila-Matas calificó como "La librería más bonita del mundo". 


Nada más entrar llaman la atención tres cosas. Primero, su belleza. La librería es indudablemente maravillosa, un regalo para la vista. Segundo, lo pequeña que es (por las fotos, yo me la imaginaba más bien grande, pero es muy pequeña). Y tercero, la gente

Hay mucha, muchísima gente. Gente por todas partes. Gente que grita y que no para de hacer fotos a la escalera como si el único propósito de su viaje fuese hacerse una foto en la escalera. Y no hablo solamente de jóvenes fans de Harry Potter, hablo de familias enteras, de madres peleando contra viento y marea para colocar a sus hijos en la escalera y hacerles la foto. Incluso vi a un par de señoras que ya peinaban canas puestas en el hueco más estrecho de la escalera para hacerse un selfie. En serio subir a la primera planta es sinónimo de abrazar la ley de la selva. Si no me creéis, os dejo una prueba gráfica: 

La famosa escalera, llena de gente en busca de la instantánea perfecta.
En serio, jamás en mi vida pensé que una simple escalera, por muy bonita que fuese, llegaría a despertar tanta admiración. Pero vayamos por partes. 

A pesar de la gente (y en mi cándida inocencia), imaginé que en algún momento la escalera se quedaría libre. Mientras esperaba, decidí a curiosear por las estanterías (que para algo estaba en una librería) y ver si había algo que me llamaba la atención. Había libros maravillosos (algunos incluso editados por la propia editorial de la librería Lello), una pequeña sección de libros en español y, por supuesto, otra dedicada a Harry Potter. Decidida a hacer la turistada, porque tod@s amamos las turistadas aunque digamos lo contrario, busqué el libro de Harry Potter y la piedra filosofal en una de las maravillosas ediciones conmemorativas que han sacado por el veinte aniversario. No lo encontré, y fui a preguntarle al dependiente, quien, muy bruscamente, me contestó que no lo tenían para, acto seguido, mirarme con cara de déjame-en-paz. Así que me fui a la primera planta. 

Subí, y pese a un momento de agobio brutal en el que me vi completamente rodeada de gente, sin poder subir pero tampoco bajar, y llegué a la primera planta. Arriba tampoco es que se esté de cine (ya veis que son pasillos muy pequeños), pero tampoco se está tan mal. Lo que más me llamó la atención fueron los graciosos 'guardianes' de la librería, un conjunto de bajorrelieves que cuelgan de las estanterías y representan a escritores famosos. Sí, Cervantes está entre ellos.  


A estas alturas, mi propósito de comprar un libro iba disminuyendo a medida que mi agobio iba in crescendo, pero yo seguía queriendo un libro. 

De vuelta a la planta baja, me topé con una sala de... [redoble de tambores]... merchandising de Harry Potter. Es una salita pequeñita en la que hay unos cuantos funkos y llaveros y se proyecta una de las películas. 

La sala de Harry Potter.
Por último, en el sótano, hay una curiosa vagoneta de madera que antiguamente se usaba para transportar los libros al almacén. Esta sala está casi vacía. Cuando yo llegué, había algunas personas, unas sillas y alguien hablaba por el micrófono, de lo que deduzco que se iba a celebrar algún evento. 

Al final, me fui casi a la entrada de la librería donde tienen una mesita con unos libros muy bonitos, que, como ya os he dicho, estaban editados por la propia editorial de la librería. A falta de los libros de Harry Potter, me pareció una buena manera de contribuir a la librería y, teniendo descuento, mejor que mejor. Sin embargo, eran bastante caros para su tamaño (casi veinte euros por unos libros pequeñitos, se nota que tuvieron en cuenta el descuento de la entrada), así que lo dejé pasar y, finalmente, me fui pensando que era una pena ver cómo una librería tan bonita y con tanta historia como ésta ha sido destrozada por los turistas en busca de una foto por culpa de un rumor. Me imaginé a JK Rowling paseando por aquí (porque, al margen si se inspiró o no, estoy convencida de que en sus días de profesora de inglés se pasaría por aquí) cuando había poca gente y mucho silencio. 

No sé si esta masificación es buena o mala para la librería (tan solo con las visitas hacen una buena caja, eso os lo puedo asegurar) pero sí que sé que, desde luego, ninguna de las personas que han contribuido a lo largo del siglo de vida que lleva estando en pie, imaginó jamás que este sitio podría llegar a llenarse tanto. No me arrepiento de haber entrado, porque  realmente es una librería con mucha historia y te traslada a otro tiempo, pero me da mucha pena el que la gente simplemente entre para hacerse fotos. 

Eso sí, es bonita para rato. 

12/6/18

Akenatón, el faraón que revolucionó el arte


Tal vez Tutankamón y Nefertiti (hijo y madre) sean los dos faraones más conocidos del antiguo Egipto. Pero, ¿qué hay de Akenatón? Akenatón fue el padre de Tutankamón y el esposo de Nefertiti, un hombre un tanto peculiar en una época tan convulsa como lo fue el antiguo Egipto. 
Nacido en el 1372 a.C, Akenatón fue el décimo faraón de la XVIII dinastía de Egipto. Un hombre que lo revolucionó todo y sobre el que cayó una losa de silencio inmediatamente después de su muerte. 
Akenatón, también conocido como Amenofis IV, fue uno de los primeros faraones que se atrevió a romper con la rigidez del Antiguo Egipto, estableciendo uno de los cambios más radicales que se viviría durante aquella época. Y es que el faraón decidió crear una religión completamente nueva, ignorando a los miles de dioses que existían por aquella época, estableciendo que solamente Atón, dios del Sol, era el único y el verdadero ―con el consiguiente cabreo monumental de todos los súbditos, que llevaban toda la vida adorando a sus dioses para que ahora viniese este señor y les dijese lo contrario― y declarando ilegales a todos los demás, especialmente a Ra, Amón, Osiris, Horus y los dioses más importantes, a los que Akenatón no quería ver ni en pintura, literalmente. 

Akenatón y Nefertiti, de la mano. 1340 a.C
Akenatón rompió con todo lo establecido: desde la capital del reino hasta las tendencias artísticas. Y es que, si por algo se caracteriza el arte egipcio es por su rigidez. Desde que eran jóvenes, los aprendices memorizaban ciertas reglas con respecto a lo que podían o no podían hacer: 
  • Las estatuas que representaban a figuras sentadas tenían que tener las manos sobre las rodillas
  • Los hombres tenían que ser pintados más morenos que las mujeres
  • Los hombres se representaban a mayor tamaño que sus esposas
Y así con un largo etcétera. 
Sin embargo, Akenatón se las arregló para romper con todo ello. 
Durante el reinado de Akenatón, el arte sufrió una transformación brutal: las figuras humanas se representaban de una manera extremadamente fidedigna. Las imágenes son más naturalistas, llegándose a extremos descarnados. Se deja de lado la representación idealizada, sin faltas o defectos físicos, y se remarcan algunos rasgos de forma extrema: poseen cabezas alargadas en su parte posterior, ojos rasgados, labios gruesos, mandíbulas prominentes, cuellos largos y estilizados, vientres pronunciados —tanto en personajes masculinos como femeninos— y contornos redondeados que, en muchos casos, dificultan la identificación del sexo del personaje representado. 
Además, por primera vez el faraón y su mujer fueron representados al mismo tamaño, por lo que ninguno de los dos era percibido como 'superior' o más importante que el otro. Eran exactamente iguales en el poder. 

Akenatón y Nefertiti jugando con sus hijos. Una tierna escena que no se solía dar mucho en el arte. 1345 a.C
Antes de seguir, os dejaré una cosa clara. El arte en Egipto debía de ser básicamente una representación lo más fidedigna posible de la realidad que sirviese a la persona en el más allá. Por lo tanto, no había lugar en el arte para sentimentalismos ni nada de eso. El arte servía para relatar hazañas, para cosas importantes de hombresmachos. Y querer a tu mujer y a tu familia, en aquella época, pues no era muy de hombremacho. Así que lo obviaban en favor de la representación de los dioses.
Pero el dios Atón era un dios abstracto, representado por el disco solar, así que no podían representarlo tan claramente, por lo que se pasó a representar escenas íntimas de la familia real, los descendientes del dios Atón. Las imágenes tradicionales del faraón destrozando a sus enemigos, tanto interiores como exteriores, fueron reemplazadas por escenas íntimas del faraón venerando a su dios, con su familia o con su Gran Esposa Real: Nefertiti. Todo un cambio ya que, hasta ese momento, ninguna familia real había sido retratada mostrando afecto. 

Akenatón llorando la muerte de su hija. Lo nunca visto en el arte egipcio
El final del reinado de Akenatón fue un tanto extraño. Sus súbditos no habían terminado de adorar a los otros dioses, y eso a Akenatón le molestó, que pa' algo había creado una nueva religión. Empezó a exigir que se borrasen los nombres de todos los otros dioses de todos los demás monumentos. Las hijas del faraón empezaron a morirse (nadie sabe por qué, pero se especula con que fue una epidemia de peste). A partir del decimocuarto año de su reinado, el nombre de Nefertiti desaparece de todas partes (no sabemos muy bien por qué, porque todo indica que no estaba muerta) y la princesa Meritatón es ascendida a Gran Esposa Real. Además, desaparece la otra esposa de Akenatón. En fin, que la cosa se complica. 
Finalmente, Akenatón muere en el decimoséptimo año de su reinado, probablemente cuando tenía entre 30 y 36 años. Su inmediato sucesor, el desconocido Semenejkara, reinó durante un breve período, que algunos estudiosos estiman entre menos de un año a no más de tres. Tras él, ascendió al trono de Egipto un niño de menos de once años de edad: Tutankamon. Con Tutankamón todo volvió más o menos a la normalidad. El arte volvió a ser rígido y sin ningún tipo de originalidad (de hecho, cuanto menos original, mejor artista eras considerado), los dioses tradicionales fueron restaurados y las menciones a Akenatón se suprimieron. Solamente quedó un breve y minúsculo vestigio del arte durante el reinado de Akenatón: la imagen de Tutankamón y su esposa representados al mismo tamaño y estableciendo contacto físico. 

Respaldo del trono de Tutankamón, en el que aparecen Tutankamon y su mujer tocándose. En aquella época, era considerado casi algo sexual. 1323 a.C
Por cierto, os diré también que, aunque parezca que los egipcios carecían de sentido de la perspectiva, la verdad es otra. La razón por la que las figuras egipcias tienen una perspectiva tan mal desarrollada (como veis en el trono, la cara está de lateral, los hombros de frente y los pies de lado) no es otra que porque los ellos buscaban siempre la perfección a la hora de representar una imagen. La belleza, para ellos, era algo secundario. Por eso adaptaban sus dibujos a la forma en la que consideraban que éstos podían representar o dar más información de la realidad. Así, la cara estaría de perfil para que pudiésemos observar mejor su forma, los brazos de frente para que apreciásemos todo el torso y los pues de lado, para que pudiésemos ver su tamaño. 

¡Y hasta aquí el post de hoy! ¿Qué os ha parecido? ¡Espero vuestros comentarios! Un besazo enrome y...

¡Hasta la próxima aventura!

6/5/18

Top: Nueve comienzos literarios que enamoran




¡Hola a tod@s! Hoy os traigo un post de una de esas cosas que me ENAMORAN. ¡¡Los COMIENZOS LITERARIOS!! Soy muy fan de los principios de las novelas, me encantan porque siempre tiene una esa sensación de que hay una gran historia por delante. Por eso hoy, os traigo una selección de mis 10 comienzos literarios favoritos. Son todos obras maestras y la mayoría he de decir que o me los he leído o estoy LOCA por leérmelos. Así que... ¡A ello vamos! 


Porque OBVIAMENTE no podía faltar Jane Austen

Mucho se ha hablado del significado de esta novela corta. ¿Vosotr@s cuál pensáis que es?

Claro, conciso y épico

Este me encanta. ¡Me parto de risa con él JAJAJAJAJ!

Este principio me fascina porque, a pesar de los años que han pasado desde que se escribió la novela, sigue teniendo una vigencia increíble.

Mítico también

¿Hola? Osea ¿HOLA? ¿Puede existir una frase más potente para una primera página? Lo dudo

Si no te enamoras de Platero con estas palabras NO TIENES CORAZÓN

Lolita...

BONUS TRACK: 


¿Y vosotr@s? ¿Qué libros añadiríais? ¿Cuáles son los principios que os enamoran? Un besazo enorme y...

¡Hasta la próxima aventura!

29/4/18

El rincón de los libros: Cosas que los nietos deberían saber, de Mark Oliver Everett


Conducía por la negrísima noche de Virginia sobre la cinta de asfalto perfectamente plana que en otra época había ocupado la vía del tren. Cuando llegué al puente elevado que cruza la cañada, me puse a pensar en los detalles de la noche en la que acabaría despeñándome por él. 
Cosas que los nietos deberían saber es el primer libro (y único hasta la fecha) de Mark Oliver Everett, el líder de la banda de rock Eels. En el libro, el autor hace un ejercicio de sinceridad y habla abiertamente de su vida, de lo bueno y de lo malo (que hay mucho, todo hay que decirlo) con su estilo tan particular. Así que si estáis list@s... 

¡A por la reseña! 

La vida sigue

La verdad es que este libro me ha sorprendido. Con motivo del Mes del Libro en mi trabajo hicimos una especie de 'amigo invisible' de libros que amamos y que teníamos por casa, y a mi me tocó este (para saciar vuestras ansias de salseo os diré que yo regalé Esperando a Robert Capa, de Susana Fortes). Lo cierto es que había oído hablar mucho de este libro y tenía unas ganas locas de leerlo, así que imaginad la cara que se me quedó cuando lo abrí.

Más o menos así fue como me sentí en el momento en el que me dieron el libro
El caso es que lo empecé a leer con muchísimas ganas, y con las expectativas muy altas pero sin saber muy bien a qué me iba a enfrentar. ¡Y MADRE MÍA EL RESULTADO! Me he encontrado con una historia dura, muy dura, pero a la vez bonita a su manera. Me he encontrado con un chico que consiguió ganarse la vida haciendo lo que más le gusta, una historia que difiere mucho del misticismo y el egocentrismo que nos encontramos en las autobiografías (o biografías) de los cantantes tradicionales. 
Supongo que para entonces ya estaba bastante acostumbrado a que la gente se muriese. Pero no puedo decir que, sólo porque me estaba acostumbrando a la frecuencia con que se producían las muertes, estas fuesen más fáciles de sobrellevar.
La verdad es que estoy la mar de contenta de que este libro haya llegado a mi vida, porque resulta que cuenta algo verdaderamente profundo y bello, como si Mark Oliver hubiese cogido toda la sabiduría recogida después años y años de putadas interrumpidos por ocasionales golpes de buena suerte y los hubiese destilado y condensado en un librito de poco más de 200 páginas. Mientras lo leía sentí que cada palabra (literalmente) transmitía algo más. Sinceramente, no sé cuánto tiempo tardó el autor en escribir este libro, pero os diré que pocas veces me he encontrado con libros tan perfectos y tan sinceros al mismo tiempo. Y este es uno de ellos. 
Lo que me encanta de John Lennon (y de Elvis Presley, ya que estamos) es que era gente muy insegura, y eso para mí es lo que los hace artistas absolutamente humanos. (…) Eso es algo que los artistas de hoy no transmiten. Están ocupadísimos dándoselas de duros.
Más allá de la historia, de la que no os quiero contar mucho (aunque si sois fans de la banda es probable que os conozcáis muchas cosas) me ha encantado la manera en la que está contada. En la introducción pone que Everett es considerado como "el Kurt Vonnegut del rock" y la verdad es que la comparación es bastante acertada. El cantante analiza su vida desde una perspectiva mordaz, sencilla e inteligente, aunque con mucho menos humor negro del que usaba Vonnegut (pero se lo perdono, porque SPOILER. PASA EL RATÓN POR ENCIMA PARA SEGUIR LEYENDO no creo que bromear sobre la muerte de todos tus familiares tenga cabida en tu autobiografía. FIN DEL SPOILER. Vonnegut nunca lo haría). El estilo directo y tan coloquial de Everett te hace sentir como si estuvieseis él y tú en una cafetería tomándoos un café y de pronto te empezase a contar su vida. Y creo que, precisamente por eso, engancha tanto.
De momento sigo vivo, y he acabado por entender que alguno de los peores momentos de mi vida han desembocado en alguno de los mejores, así que no soy de los que devora con avidez el melodrama ajeno. Cada día es cada día, y punto.
No os quiero revelar mucho de la historia porque me gustaría que este libro os sorprendiese como la vida misma (la de Everett y la vuestra, claro), pero solamente os diré que es un libro que de verdad tiene de todo. Hay momentos maravillosos y otros horriblemente tristes, pero al final, cuando lo terminas, te da la sensación de que hay algo que se ha quedado contigo para siempre. Y esa sensación es apabullante a la par que bella. Es un libro corto pero intenso, que se lee en un suspirito y, aparte de revelaros una verdad preciosa, os hará descubrir a un grupo de música que a mi me ha encantado.
A nadie le gusta pensar que su persona acabará teniendo punto final, pero yo no podía ya dejar de verlo, y a partir del momento en que empiezas a tratarlo como la verdad cotidiana que es en realidad deja de dar tanto miedo.
Un detalle que me ha gustado mucho y que creo que me ha hecho darme cuenta de la sinceridad de las canciones de Mark Oliver y de cómo estas reflejan sus propias experiencias vitales es el hecho de que la novela incluya trozos de letras de los temas de Eels justo después de las escenas en las que están inspiradas. De esta forma, me he dado cuenta de que no son las 'típicas' canciones que hablan sobre amor y desamor y poquito más, sino que son canciones que tienen una base real y que te cuentan realmente una historia, algo que ha sucedido. Las canciones de Mark Everett son LITERALMENTE ciertas, y eso es algo bonito y triste a la vez (cuando lo leáis entenderéis por qué).
Al cantar las palabras siento físicamente el alivio, y entiendo perfectamente eso que se dice sobre que guardarle rencor a alguien te hace más daño a ti que a la persona con la que estás enfadado.
Aunque quien me lo regaló me recomendó que mientras leía el libro escuchase las canciones, la verdad es que no lo hice así. Al menos no exactamente. Me cuesta muchísimo escuchar música mientras leo (especialmente si es con letra), así que los he escuchado pero después de leer las partes, y ha sido toda una experiencia. El saber por qué exactamente se escribió esa canción y en qué situación se encontraba el artista ayuda muchísimo a que podamos empatizar con el cantante y sumergirnos por completo en la canción, sintiendo exactamente lo que él sentía cuando la compuso. 
…de repente, me doy cuenta de que nadie puede arrebatarte el alma si tú no te dejas.
Este libro, sin duda, nos enseña la mejor y la peor cara de la vida.

¿Vosotr@s? ¿Habéis leído el libro? ¿Qué os ha parecido? ¡No olvidéis dejarme un comentario! Un besazo enorme y...

¡Hasta la próxima aventura!

15/4/18

Top: Libros ilustrados que jamás me cansaré de mirar


¡Hola a tod@s! Creo que por aquí tod@s conocemos mi amor por los libros ilustrados, ¿o no? Pues bien, hoy vengo a hablaros de esos libros ilustrados que, siempre que voy a una librería y los veo, resulta inevitable que no me quede mirándolos embelesada, pasando sus páginas una y otra vez y mirando sus dibujos. Luego les doy la vuelta, veo el precio y... me los compro y me los llevo a casa los dejo en su sitio mientras suspiro de tristeza. Así que como soy una masoquista literaria... ¡allá vamos!

9 - Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez ilustrado por Luisa Rivera

¿Y es que quién demonios no se sabe de memoria aunque sea el principio de esta obra? Yo he de reconocer que aún no lo he leído (mal  hecho por mi parte), peeeeeero con esta MARAVILLA de edición que espero conseg9ir en algún momento (viene con un árbol genealógico hecho jijiji) espero muy pronto convertirme en la fan #1 de la familia Buendía.

Una de las cosas que más me ha gustado de esta novela es cómo aúna la literatura con las ilustraciones (el detalle de las gotas de agua con las palabras me MEGAFASCINA. Y es que, admitámoslo, Cien Años de Soledad es uno de los must de la literatura.


8 - Frida Khalo: una biografía, de María Hesse

¿Podríais decirle que no a cualquier cosa de Frida Kahlo? Yo tampoco. Y la verdad es que esta biografía es para que te tiente, y mucho. No solamente nos podemos acercar un poco más a la maravillosa vida de una mujer que fue libre con el alma, sino que, además, podemos disfrutar de las increíbles ilustraciones de María que seguro que plasman de una manera brutal la personalidad de la pintora. Una joyita.

7 - Cuentos de imaginación y misterio, de Edgar Allan Poe, ilustrados por Henry Clarke

Bueno, bueno. Este libro. Osea, ESTE LIBRO. Este libro es UN RUBÍ MÁS BONITO QUE EL DE ROSE LA PROTAGONISTA DE TITANIC. Esta recopilación de cuentos de Poe está en mi biblioteca y el tener que devolverla se convirtió en algo dolorosísimo para mi. Con las ilustraciones de Clarke que se adaptan perfectamente a lo lúgubre de Poe y la traducción de Julio Cortázar creo que poco más hay que decir.



6 - La joven durmiente y el huso, de Neil Gaiman, ilustrado por Chris Riddell

 Este libro está en esta lista gracias a que Utopía no pierde ocasión para recomendármelo. Tanto que ya me ha entrado el gusanillo. Retelling, feminismo, Gaiman, libro ilustrado... Como para no tener una espinita clavada.

5 - Harry Potter ilustrado por Jim Kay

Porque OBVIAMENTE es Harry Potter. Además que me encanta porque las ilustraciones del libro no están condicionadas por las pelis, sino que son fieles a la historia, y eso es siempre un punto a favor. El hecho de que, además, sean ilustraciones hechas como de acuarela le da un toque muy imaginativo en línea con la historia. Creo que Jim Kay lo clava.

4 - María Antonieta, ilustrado por Benjamin Lacombe

Por si no os habéis dado cuenta, Benjamin Lacombe es mi ilustrador favorito de todos los tiempos. Su toque dulce y turbio a la vez me enamora. Y creo que a la  historia de María Antonieta le va como anillo al dedo.
Si no fijaos en esta reinterpretación de El Columpio de Jean Honoré Fragonard y decidme si no es para quedarse planchad@ en el suelo. De verdad que a mi este señor me enamora.

3 - Carmen, ilustrado por Benjamin Lacombe

¿Sabíais que Carmen no es solamente una ópera? ¡También es una novela! De hecho, fue esta novela de Prosper Mérimée publicada en 1847 la que sirvió de inspiración para la famosa ópera de Bizet (cuyo Toreadoooor toreaaaador conocemos tod@s hoy en día). Yo sueño algún día con ir a ver esta ópera porque me va a ENCANTAR. Pero mientras tanto, me conformo con el libro que no sé si será mejor que la ópera o no, pero que tiene descripciones tan maravillosas como ésta: 

E ilustraciones que valen... no encuentro una comparación exacta, pero son una pasada.

2 - Cuentos macabros, de Edgar Allan Poe, ilustrados por Benjamin Lacombe

¿A que no se nota que me gusta Poe? ¿A que no? Lo sé, soy una caja de sorpresas. Ya sé que arriba os dije que la edición de Henry Clarke era increíble, pero es que Lacombe supera a todo lo que os podáis imaginar. Y como soñar es gratis... pues seguiré soñando ;)

1 - Madame Butterfly, ilustrado por Benjamin Lacombe

Llevo soñando con este libro desde que lo vi hace años en una exposición del museo ABC y siempre que lo veo en una librería intento echarle una ojeada. Ya no son solo las ilustraciones, sino que son LOS DESPLEGABLES. Por favor, es la belleza y la teatralidad hecha libro. Sin duda es una obra que es para vivirla y soñarla. Si no, de nada sirve.
El libro es un desplegable en sí mismo y las ilustraciones una locura


¿Y vosotr@s? ¿Cuáles son esos libros libros ilustrados que siempre estáis mirando cuando vais a las librerías? 

Un besazo enorme y...

¡Hasta la próxima aventura!