14/2/19

El rincón de los libros: Gala - Dalí, de Carmen Domingo



A veces los hijos molestan. No se necesitan cerca. Incluso desearías no haberlos tenido. ¿Por qué? A saber. Son cosas que pasan. 
¿Qué tal lleváis ese San Valentín? ¡Espero que lleno de amor! Hoy os traigo una reseña de uno de los amores más icónicos de la historia del arte... Salvador Dalí y Gala Dalí. ¿Queréis saber cómo era ella? ¡Este libro os lo cuenta todo! ¡A por esa reseña!

Gala-Dalí es una novela de la escritora catalana Carmen Domingo que nos cuenta la historia de Gala Éluard-Dalí, musa e inspiradora de varios de los grandes genios surrealistas: Paul Éluard y Salvador Dalí. 

El espejo no duplica, no refleja, en realidad desdobla, pero ella está sola y no necesita dobleces en Púbol.

La miel es más dulce que la sangre

Supongo que ya sabréis quién es al menos Salvador Dalí, pero tal vez no todos sepáis de la existencia de Gala, la otra cara del genio. Gala Dalí fue la esposa de Salvador durante muchos años y, a pesar de que todo el mundo piensa que ella se limitó a ser su musa, lo cierto es que fue Gala quién consiguió hacer de Dalí el genio que todos conocemos. 
Este libro nos cuenta su historia, únicamente la historia de Gala, y eso me pareció desde el principio algo de lo más maravilloso, porque normalmente, siempre que aparece el nombre de Gala, éste suele ir de la mano del nombre de Dalí y ella es mencionada casi de pasada, como si fuese un personaje secundario, una mera musa a la que Dalí amaba, cuando ella en realidad fue el elemento principal para que tanto Dalí como el poeta Paul Éluard triunfasen. 
Quiero a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso e incluso más que al dinero, os lo aseguro.
Lo que más me ha llamado la atención del libro (que está basado en hechos reales, por cierto, por cierto, así que todos los personajes que aparecen en él existieron), es complejidad del carácter de la rusa (porque sí, Gala nació en Kazán bajo el nombre de Elena Ivánovna Diákonova). El libro nos muestra a una mujer dura, fría como el hielo, y a la que no le tiembla el pulso ni lo más mínimo a la hora de hacer lo que sea para conseguir lo que quiere, aunque tenga que ir dejando un rastro de cadáveres a su paso. ¿Sabéis la típica femme fatal? Pues eso. Sin embargo, a pesar de todo este despliegue de fuerza, encontramos también a una mujer débil, enfermiza, insegura, solitaria, y con una terrible necesidad de ser superior a alguien para, en el fondo, poder ocultar su inseguridad. Son las dos caras de una misma moneda, ¿no creéis? 
Su vida siempre sería eso, rodearse de personas que la hacían sentirse acompañada dentro de su soledad y que le daban la fuerza suficiente para ser ella misma y no verse obligada a disimular con nada ni con nadie. 
Realmente, me ha encantado descubrir cómo una mujer, siempre en la sombra, fue capaz de dar forma a dos de los grande mitos del surrealismo. Y cómo estos dos hombres, que de puertas para afuera eran de lo más modernos, en realidad vivían únicamente por y para una mujer: Gala. Leyendo este libro, me he dado cuenta del papel tan vital que ha tenido en la obra de Dalí y de Éluard (principalmente de Dalí, porque estuvo con él durante mucho más tiempo). Era ella la que daba las ideas, la que ejercía de crítica para poder mejorar las obras de arte, la que encontraba compradores, la que se encargaba de que estuvieran en el momento oportuno y en el lugar adecuado para conseguir que la obra de ambos hombres prosperase. Gala era maestra, tesorera, marchante de arte, relaciones públicas, representante y musa. TODO. TO-DO. Gala era la órbita alrededor de la cual giró primero Éluard y, cuando se cansó de él, Dalí, que nunca en toda su existencia fue más que un crío asustadizo. Vamos, que donde Gala ponía el ojo, ponía la bala.

Gala (en ese momento Éluard), junto a Paul Éluard y su hija Cécile, a quien ella odiaba bastante un poco. Como podéis ver por sus caras, las cosas no acabaron muy bien para la pareja (así como dato salseoso).
Y, sin embargo, yo creo que lo único que quería en la vida es ser libre. Y lo fue, verdaderamente siempre hizo lo que le dio la gana, pero también pagó un alto precio por ello. Gala se relacionó con muchos, muchísimos hombres (esto no es spoiler porque aparece en la primera página) y ni siquiera se molestó en ocultarlo. Iba y venía, compraba lo que le daba la gana a pesar de no tener dinero, se peleó con todo aquel que le tocaba las narices y despreciaba a la gente en el momento en el que le dejaban de servir a sus fines. Y, pese a todo, estos dos hombres, la amaban. Creedme, la amaban muchísimo. Todo esto, Carmen Domingo nos lo muestra sin juzgarla en ningún momento (hubiera sido fácil poner un par de adjetivos por allí y otro por allá y hacer que pareciese un monstruo), sino que, al contrario, da voz a Gala en sus páginas y deja que ella descubra las consecuencias de sus actos. 
Sus ansias de volar eran demasiado grandes para que el miedo a lo desconocido la detuviera.
Si ella es la protagonista principal, podemos encontrar también un coprotagonista igual de importante que ella. ¿Éluard? ¿Dalí? MEEEEEC. ERROR. El surrealismo. Desde el principio hasta el final, el surrealismo siempre está presente, lo que me hace pensar que la autora nos quiere decir, aunque sea indirectamente, que la historia de Gala es también la historia del surrealismo. Desde el principio hasta el final, este movimiento artístico plagado de locura, sexo y pasión siempre está presente. ¿Fue Gala una surrealista? ¿O simplemente se aprovechó del movimiento para sus propios fines? ¿Fue simplemente una feminista? Lo siento amig@s, pero estas respuestas las tendréis que encontrar vosotr@s en el libro. 
La ociosidad es la madre de todos los vicios, pero el vicio es el padre de todas las artes
Como ya habréis podido imaginar, el personaje principal de la historia (Gala) está maravillosamente perfilado. En el libro descubrimos todas las caras de la protagonista, aunque no podemos decir lo mismo del resto de personajes, cuyo carácter se explora muy vagamente y siempre a través de los ojos de Gala. Sin embargo, tampoco veo necesario ponerse a explorar a los demás personajes, porque creo que, de esta manera, el libro perdería ese carácter absolutamente parcial que nos permite juzgar todo a través de los ojos de Gala, que es la verdadera protagonista. En la novela no se prejuzga en absoluto a Gala, sino que nos muestra sus luces (su férrea voluntad de reafirmarse como una mujer perfectamente válida para alcanzar exactamente las mismas cotas de fama que el resto de los surrealistas), y sus sombras (su desarraigo por los demás y la poca importancia que le da incluso a su propia hija, a la que desprecia). 
Breton y su pandilla parece que han decidido tratarme como una mera acompañante, como si fuera una mujercita sin boca y sin cerebro, y por eso no me dejan asistir a sus reuniones. Ellos verán lo que hacen con sus mujeres, pero no harán lo mismo conmigo. 
Creo sinceramente que, si os gusta el surrealismo o la historia del arte (como es mi caso), os va a encantar este libro, porque muestra una perspectiva mucho más real del círculo surrealista que cualquier otra obra con la que me he topado hasta ahora. A pesar de que tendemos mucho a idealizar a este círculo (sus míticas veladas, sus experimentos tan modernos), la novela nos aporta una perspectiva distinta, la de Gala: unos cuantos tipos jóvenes, machistas y sin un duro que luchan contra viento y marea por alcanzar la fama y que luego desprecian a los que la consiguen. 
Dalí estaba lleno de inseguridades, y Gala también, pero ella no dejaba que se le notase.
En cuanto al estilo, os diré que es una obra muy sencillita y amena de leer (para mi una obra sencillita y amena de leer significa que me la puedo ir leyendo en el metro), sin por ello dejar de ser interesante o acabar resultando facilona (puaj). Creo que el hecho de que esté basada en hechos reales contribuye mucho a que la obra sea más interesante y parezca menos forzada que muchas otras que son únicamente ficción. No sé, como que todo parece mucho más real. Así que lo dicho: si os gusta mínimamente Salvador Dalí o el movimiento surrealista, creo que esta es una novela que merece la pena, ya que conoceréis a una de las mujeres que, a pesar de lo que veréis en todas partes, nunca fue musa, sino que iba más allá de eso. Gala fue Dalí. Y Dalí fue Gala.

¿Y a vosotr@s? ¿Os ha gustado? ¿Habéis leído la novela? ¡No olvidéis dejar vuestro comentario! 

Un beso enorme y...

¡Hasta la próxima aventura!

7/2/19

Los adolescentes y la lectura: del amor al odio


El titular es claro, sencillo y conciso: el 32,8% el porcentaje de españoles que no lee nunca. Y, sin embargo, si rebuscamos debajo de la superficie, hay una cosa bien curiosa: la gran mayoría de la gente que se aleja (en muchos casos para siempre) de la literatura, lo hace en la adolescencia. 15 años parece ser la edad clave. Pero, ¿y esto por qué?

Más allá de lo obvio (a los 15 años se considera que empieza la adolescencia, la edad del pavo y empezamos a preocuparnos por cosas más terrenales), creo que estamos tod@s de acuerdo en que la tecnología juega un papel fundamental en todo este embrollo. También el hecho de que en casa no se fomenta lo suficiente el hábito de lectura. Sin embargo, creo que el problema no acaba ahí. Porque entonces, por esa regla de tres, casi ninguno de nosotros, adultos ya formados, leería. Nos pasaríamos las horas frente a las pantallas de los móviles (que también lo hacemos), y desconoceríamos el significado de la palabra 'libro'. 

A mi entender, las causas son mucho más complejas. Y aquí, querid@s profesores, entra un elemento que no os va a gustar: las lecturas que se proporcionan en el colegio son absolutamente inadecuadas. Lo siento. Sé que elaboráis el currículum escolar con el mayor de los amores, pero, a mi parecer, la importancia desmedida que se le da a la literatura 'clásica', de hace siglos, es desproporcionada. La literatura clásica se hizo principalmente para señores duques y marqueses de hace muchos años, y en ese universo, un chaval de 13 años enganchado a las nuevas tecnologías no entraba en la ecuación. Esto es algo que lo digo con todo mi pesar, pero el hecho de que OBLIGUEMOS a l@s niñ@s a leer algo que ni es de su agrado, ni les gusta, ni entienden (recuerdo que en mi colegio nos obligaban a leer El Quijote y a Clarín en 1º de la ESO), hace que muchos jóvenes huyan de los libros como si estuviesen hechos de ácido sulfúrico.  

Mientras hago este artículo, por curiosidad y para ver si me he quedado atrasada, me he puesto a mirar en internet listado de libros 'recomendados' por los colegios para niños de 2º E.S.O (es decir, para niños de 12 a 13 años). Según la web de un colegio se recomienda: 
  • El Lazarillo de Tormes
  • El señor de las moscas
  • Matar a un ruiseñor
  • La vuelta al mundo en 80 días
  • Oliver Twist

¿En serio pensáis que a algún niño le va a interesar cualquiera de estos libros? Sí, es cierto, son imprescindibles. Son un must en la vida. Pero yo me leí El señor de las moscas en 2º de bachillerato (y obligada por el colegio, por supuesto) y fue un suplicio. Además de que son libros que tratan temas complejos que los niños no van a entender y, a pesar de ello, los colegios les obligan a pasar un mal rato teniendo que leer algo que ni entienden, ni les interesa, ni les gusta, ni tampoco les aporta absolutamente nada porque, sorpresa sorpresa, SE LES VA A OLVIDAR. Y creo que esto contribuye en gran parte a que los adolescentes se alejen de la literatura. Julio Verne es un autor horriblemente tedioso por mucha fama que tuviese en su momento. Yo lo intenté leer hace poco y no pude pasar de la primera página. ¿Y queréis que un niño con 12 años se lo lea y lo disfrute?

Creo de verdad que deberíamos de empezar a cambiar la selección literaria que hacemos en los colegios y dejar que cada niño lea, sencillamente, lo que le apetezca. Vale, puede que la mayoría literatura 'juvenil' sea plana, predecible y a veces hasta tediosa para nosotros. Pero hay otras maravillas que ignoramos por completo en los colegios. ¿Qué hay de Harry Potter? Es un libro con una profundidad increíble, que bien trabajado puede enseñar muchas cosas a los jóvenes sobre ellos mismos. El problema es que nosotros hemos crecido con el 'vicio' de pensar que si no lees ciertos clásicos eres un inculto. Y NO ES VERDAD. De hecho, hay una increíble cantidad de libros 'clásicos' que yo me he leído (en su mayoría obligada por el colegio) y que he odiado con todo mi corazón. 

Creo que los niños desconectan de la literatura porque la literatura que les ofrecemos no conecta con ellos y eso, amigas y amigos, es un grave problema en la sociedad. Porque en el momento en el que un adolescente deja de leer porque 'no le gusta', está perdido. Le va a costar muchísimo encontrar otro libro que le haga volver a sumergirse en el placer de la lectura. Los libros, al fin y al cabo, son como las relaciones. ¿Quién no ha salido escaldad@ de una relación y ha jurado y perjurado no volver a enamorarse jamás? En el caso de las relaciones, a menudo acabamos topándonos con alguien que, sin quererlo, nos hace volver a creer en el amor. En el caso de los libros, muchos adolescentes le niegan a las páginas la oportunidad de que les enamoren. 

¿Vosotros, qué opináis? ¿Os pasó algo similar en el colegio? ¡Contadme! 

Un beso enorme y...

¡Hasta la próxima aventura!

31/1/19

La autora del mes: Virginia Woolf


No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.
¡Hola a tod@s! Con motivo del 137 aniversario de la gran Virginia Woolf, voy a recuperar esta sección y a nombrar a nuestra querida Virginia Woolf autora del mes, un honor que, como bien sabréis, se tiene más que merecido por su valentía, su carácter rompedor y porque fue una luchadora durante toda su vida.
Adeline Virginia Stephen, más conocida como Virginia Woolf, nació en el Londres de 1882 en el seno de una familia acomodada y de lo más intelectual y artística que os podáis imaginar. Su padre era ensayista, historiador, novelista y biógrafo. Todo un hombre de letras, vaya, y su madre era una mujer guapísima que trabajaba como modelo de los pintores prerrafaelitas (una Gisele Bündchen de la época). Ambos habían estado casados y habían enviudado, por lo que, como os podéis imaginar, la casa era una algarabía de niños correteando por todas partes. 
Virginia no fue al colegio (esto es lo que más gracia me hace de la mayoría de intelectuales de la época victoriana, que ninguno fue al colegio), sino que fue educada por su padre en casa. En cualquier caso, cuando tu humilde morada es frecuentada por autores de la talla de  Thomas Hardy o Henry James, ¿quién necesita ir al colegio? 
Empiezo a desear un lenguaje parco como el que usan los amantes, palabras rotas, palabras quebradas, como el roce de las pisadas en la acera, palabras de una sílaba como las que usan los niños cuando entran en un cuarto donde su madre está cosiendo y cogen del suelo una hebra de lana blanca, una pluma, o un retal de chintz. Necesito un aullido, un grito.
Durante toda su vida, Virginia estuvo asolada por el cuervo negro de la depresión. No se sabe muy bien si fue exactamente depresión o si fueron ataques provocados por la bipolaridad, y se especula con que pudieron estar generados por los constantes abusos sexuales a los que fue sometida, junto con su hermana Vanessa, por sus dos hermanastros, algo que la propia Virginia reconoció en sus escritos. El caso es que los constantes cambios de humor de Virginia eran una tortura para ella. El primer ataque 'tocho' lo tuvo a los 13 años, tras la muerte de su madre, y el segundo, en 1905, cuando falleció su padre. Tuvo que ser ingresada en un sanatorio. 
Tras la muerte de sus padres, se instaló junto a su hermana Vanessa (la persona en quién más confiaba y a quién más quería) y otros hermanos en el barrio londinense de Bloomsbury, donde entró en contacto con un enorme círculo de intelectuales que marcó un punto de inflexión en la literatura del s.XX. Allí conoció a Leonard Woolf, que se convertiría en su marido, y aprovechó también para trolear a la Armada Británica y echarse unas risas.



Por si no lo sabíais, Virginia Woolf era bisexual. Cuando conoció a Vita Sackville-West (juntas en la foto de arriba ⬆) se enamoró de ella profundamente y sostuvieron una relación (primero de amantes y luego de amigas), que duraría hasta el final de su vida. Vita era una lesbiana declarada casada con un homosexual declarado y juntas tuvieron un affair de lo más intenso. Además, Virginia estuvo con muchísimas otras mujeres otras mujeres a lo largo de su vida, al haberse criado en un ambiente de absoluta libertad y relacionarse en un ambiente en el que la libertad sexual era patente (el círculo de Bloomsbury era como el GH de la época victoriana). Por si os lo estáis preguntando, sí, Leonard lo sabía (tampoco es que Virginia pusiese mucho énfasis en esconderlo). No, no le importaba. 
Finalmente, el 28 de marzo de 1941, en plena Guerra Mundial, Virginia se suicidó llenándose los bolsillos de su abrigo de piedras y metiéndose al río. Su enfermedad, la guerra, el temor a Hitler (estaba en su lista negra puesto que ella tenía un marcado carácter antifascista y Leonard era judío) pudieron con ella. Sin embargo, legó al mundo (y en especial a las mujeres) una herencia incalculable: Sus ansias de libertad. 
Las mujeres han vivido todos estos siglos como esposas, con el poder mágico y delicioso de reflejar la figura del hombre, el doble de su tamaño natural

Una vida de altibajos

La vida de Virginia, a pesar de lo que uno podría pensar sabiendo que nació en una familia acomodada y pudo dedicarse a lo que más le gustaba, fue trágica. Incomprendida por casi todos (porque por aquella época, desgraciadamente, las enfermedades mentales no eran mucho mejor aceptadas de lo que lo son hoy en día), habiendo vivido años de abusos sexuales, bisexual, mujer, y amante de la libertad en una sociedad tan rígida y encorsetada como lo fue la época victoriana, Virginia tenía todas las papeletas para acabar bastante mal. Y, pese a todo, fue una mujer valiente que luchó contra viento y marear para salir ahí, triunfar y alzarse como referente en la literatura del s. XX. Porque ella tenía ese poder de transformar todo lo que tocaba. 


Virginia era débil, insegura, con una increíble necesidad de afecto, dura consigo misma y con quienes la rodeaban y rodeada de un halo de misterio. Pero también era sagaz, mordaz, terriblemente inteligente, divertida y decidida. Era una mujer muy muy complicada, que escribía más bien para desahogarse y para liberarse que para realmente entrar en el salón de la fama. Y, sin embargo, consiguió ambas cosas. 
Yo me aventuraría a pensar que el 'Anónimo', quien escribiera tantos poemas sin firmarlos, fue a menudo una mujer.
Creo que es precisamente porque sus obras son tan sinceras, tan ancladas a su propia realidad, por lo que es imposible que al leerlas no te trastoque algo. Orlando fue escrita como un regalo a Vita, quién la consideró como «la carta de amor más larga y encantadora en la historia de la literatura». Y resulta fácil encontrar el carácter de la autora, su bisexualidad que sin duda ha sido clave para que muchas otras personas que vinieron después de ella puedan encontrarse a sí mismas, su soledad, sus miedos... Todo está ahí, a la vista de todo el mundo porque esa era su manera de cambiar el mundo. Experimentar, cambiar, rehacer, rediseñar. Tal vez, lo único que necesitaba Virginia, era cambiar el mundo para que el mundo la entendiese. 

24/1/19

Book tag: 20 preguntas sobre libros





¡Hola amigas y amigos! Hoy vengo a tope con un book tag que he sacado del maravilloso blog de Noelia, Laberintos de Tinta y que trata, como no podía ser menos, de salseo sobre libros. ¿A que suena de lujo?  Pues... ¡a la salsa 😏!



PD: Mientras iba haciendo este tag, me ha recordado a los típicos test interminables de la época de Tuenti y ha sido como volver a mi adolescencia.  

1. ¿Cuantos libros son demasiados libros en una saga?

En esto tengo que decir que me voy a copiar de Noelia y voy a establecer el máximo en 7. Harry Potter es para mi, sin duda, la saga perfecta. El 7. El número de la suerte. Hay sagas que tienen 402394489758 libros y que yo, honestamente, nunca me leeré.

2. ¿Que te parecen los cliffhanger?

Como bien dice el refrán (el refranero español es lo más maravilloso que hay en la vida) lo poco agrada y lo mucho cansa. Un cliffhanger al año (o a la novela) no hace daño. 300 sí. Y si no, vais y se lo preguntáis a Marie Kondo, a ver qué os cuenta.

3. ¿Tapa dura o tapa blanda?

Yo personalmente soy la presidenta del Club de Fans de la Tapa Dura. Pero como también soy la presidenta de la Asociación de Arruinados por los Libros... pues suelo tirar por la tapa blanda. La pela es la pela, ami@s.

4. ¿Libro favorito? 

A pesar de que si lleváis mucho tiempo leyendo este blog podéis pensar que tengo 300 libros favoritos, la verdad es que mi libro más fav de la vida es El dios de las pequeñas cosas seguido por La insoportable levedad del ser. Son dos imprescindibles que tenéis que leer YA.

5. ¿Libro menos favorito?

Pufffffff... Partiendo de la base de que habláis con una gran hater de los libros que odia... Yo diría que La conjura de los necios. Es lo PEOR DE LO PEOR DE LA EXISTENCIA NO LO LEÁIS POR FAVOR NO PERDÁIS VIDA CON ESE LIBRO GRACIAS. 

6. Triangulos amorosos ¿si o no?

Cuando tienes 13 años y piensas que lo mejor en la vida es tener que decidir entre un vampiro y un hombre lobo, puede pasar. Pero si a los 17 te siguen gustando los triángulos amorosos... Tienes que avanzar en la vida, querid@. En serio, es el recurso más facilón que uno se puede encontrar. Creo que los triángulos amorosos los meten los escritores para darle vidilla a la cosa cuando se han quedado sin ideas. NO SÉ AMIGOS, MATAD A UN PERSONAJE O ALGO, PERO NO PONGÁIS UN TRIÁNGULO AMOROSO QUE SE OS VE EL PLUMERO. 

7. ¿El último libro que no pudiste terminar?

V y V: Violación y venganza. Lo he intentado. De verdad. Llevo desde abril del año pasado con ese libro. La autora es una mujer maravillosa y escribió A Virginia le gustaba Vita que es una obra maestra. Pero el libro peca de denso y paternalista, y la autora se acaba enfangando en divagaciones sin sentido. Lo siento de corazón, Pilar Eyre, pero puedes hacerlo mejor. 

8. ¿Un libro que estés leyendo actualmente?

Gala-Dalí. Estoy aprendiendo mogollón del personaje de Gala, que ha estado ignorado durante mucho tiempo. Una maravilla. Leedlo. 

9. ¿El último libro que le recomendaste a alguien?

Cuando leo un libro que me gusta soy como una groupie alocada así que... Gala-Dalí.

10. ¿El libro más antiguo que has leído? 

El Decamerón, de Boccacio. Una obra maestra.

11. ¿El libro más nuevo que has leído? 

Snape os lo cuenta. Cuéntaselo, Snape. 

12.¿Autor favorito?

Virginia Woolf ❤. Nos vamos a casar. Estáis to@s intvitad@s.

13. ¿Comprar libros o prestar libros?

¿Recordáis lo de la Asociación de Arruinados? Pues eso :)

14. Un libro que no te guste y que el resto del mundo ama.

Muchos. Y es duro porque la gente se emociona y tú les miras tal que así :D

15. ¿Marcapáginas o doblar las esquinas?

Me es indiferente. Siempre que las esquinas estén dobladas muy poco. Pero muy muy poco :)

16. ¿Un libro que siempre releeré?

¿En serio hace falta que responda a esto diciendo que Harry Potter? ¿O lo tenemos tod@s claro?

17.¿Puedes escuchar música mientras lees?

Antes lo mejor que te podía pasar si hacías el más mínimo ruido mientras leía era que morías entre terribles sufrimientos. Ahora estoy consiguiendo leerme un libro de Chet Baker con música de Chet Baker. Maravilloso, ¿verdad?

18. Un punto de vista o varios puntos de vista.

Varios, siempre. En la variedad está el gusto, la profundidad y la redondez de los personajes. 

19. ¿Lees un libro de una sentado o en varios días?

En general, los libros que me he leído de una sentada, quedaban borrados de mi memoria a la semana. Así que prefiero leerlos en varios días y enterarme bien. 

20. ¿A quién etiquetas?


Y con esto y un bizcocho...

¡Hasta la próxima aventura!

20/1/19

El rincón de los libros: Mujercitas, de Louisa May Alcott



— Sin regalos, la Navidad no será lo mismo —refunfuñó Jo, tendida sobre la alfombra.  
¡Hola amigas y amigos! ¿Qué tal va ese comienzo de 2019? ¿Literariamente literario? ¿Lleno de libros 🤔? Hoy os traigo una novela que llevaba estando en mi lista de To-Read desde que el mundo es mundo y que ¡por fin (gracias a que he descubierto lo maravillosamente baratos que son los ebooks) he podido leer! ¡HURRA! 
Se trata de Mujercitas, novela semi-autobiográfica que relata la vida de unas hermanas pobres (pero tampoco muy pobres, no hay que pasarse) en la América de finales del s.XIX ¿A que suena bien? ¡Pues vamos con esa reseña! 
El dinero es un bien necesario y valioso y, si se hace buen uso de él, se convierte en algo noble, pero no quiero que creáis que es lo más importante o aquello a lo que debéis aspirar.

Entre lo radical y lo moralista

Tal vez, lo primero que deberíamos destacar de esta novela (y algo por lo que a mi personalmente me ha cautivado) es por la capacidad de Alcott de diluir los elementos subversivos entre el convencionalismo moralista típico de la Norteamérica de 1886. Ya os he hablado anteriormente de las novelas de Jane Austen y de cómo era capaz de salirse de lo establecido sin que apenas se notase. Pues bien, mientras que Austen pasa de puntillas sobre el tema, Alcott se sumerge a lo loco. En serio, va a saco (para lo que era la época, claro) y no lo disfraza de ninguna manera. Con Mujercitas, la autora fue capaz de ir plasmando uno por uno los problemas de ser mujer en una época tan complicada como lo era el mundo en el que vivió. Pero no por ello renuncia a expresarse o a alzar la voz 'como un hombre'. Y eso es, al menos desde mi punto de vista, algo increíble.
Antes de morir, espero hacer algo importante, algo heroico o maravilloso que me permita seguir viva en el recuerdo. 
Una de las ilustraciones del libro (en la que es extrañamente maravilloso como el hombre es representado en una actitud de absoluta vulnerabilidad).

Y, a pesar de esta alabanza a la mujer y a sus posibilidades, encontramos un tono moralista y paternalista muy marcado. Esto se nota que se debe mucho a las propias inseguridades de la autora  ya que, como bien nos cuenta Elaine Showalter en la introducción de esta maravillosa edición de Penguin Classics (tenía que decíroslo porque me ha encantado que sea una versión fielmente traducida de la original de la autora de 1886 y sin edulcorar), la propia Alcott osciló durante toda su vida entre la tradición patriarcal y matriarcal. Alcott nunca se casó (a pesar de que en el libro ataca constantemente a las 'solteronas') y se dedicó durante toda su vida por entero a su familia, a la escritura y a la defensa de los derechos de la mujer. Esta lucha consigo misma entre lo tradicional, lo que debería ser, y lo que ella realmente querría ser, está excelentemente plasmada en el personaje de Jo, que, a mi entender, merece un lugar de honor el mundo de los Personajes Literarios Maravillosos. 
— Entonces iré sin guantes. Me da igual lo que opinen los demás
En serio, ¿dónde habéis visto una mujer del s.XIX decir esto? Creo que esta es la manera que tenía Alcott de desahogarse de toda la presión a la que se veía sometida por la sociedad en la que vivía. Y, a pesar de ello, hay párrafos muy moralistas, como si quisiera arrepentirse de lo que había dicho anteriormente. Pasamos de este tipo de afirmaciones, de un marcado carácter feminista:
Cada uno se ocupa de sus asuntos pero, en lo referente a la casa lo hacemos todo juntos siempre. 
A estas otras: 
Cuando mi marido llegue, encontrará la casa limpia, una esposa feliz y buena comida. 
A pesar de todo, Alcott es capaz de mostrarnos lo que ocurre a la hora de llevar este tipo de creencias a rajatabla. [ATENCIÓN: SPOILER. SELECCIONA EL HUECO EN BLANCO PARA SEGUIR LEYENDO] En la situación anterior, por ejemplo, el hecho de que Meg crea que debe de ser la 'esposa perfecta', al final la lleva casi a la locura. Es muy curioso (y revelador) como la autora nos muestra que un matrimonio no puede sobrevivir si dos no colaboran. De hecho, cuando Meg empieza a querer acaparar el trabajo de la casa es precisamente cuando su matrimonio se empieza a romper. Curioso, ¿no? [FIN DEL SPOILER]
Vosotras, jovencitas en la flor de la vida, recordad que la flor se marchitará, que la tez no permanecerá eternamente tersa y sonrosada, que en el cabello castaño aparecerán hebras plateadas y que, llegado un punto, la ternura y el respeto os parecerán tan valiosos como hoy lo son el amor y la admiración. 
Personalmente, yo creo que este tira y afloja a lo largo de todo el libro es fruto de la propia educación de la autora. Hemos de tener en cuenta que su padre fue el pedagogo, escritor y filósofo trascendentalista Amos Bronson Alcott, vinculado al abolicionismo, al sufragio femenino y a la reforma educacional, quien se codeaba con hombres de la talla de Nathaniel Hawthorne, Henry David Thoreau, o Ralph Waldo Emerson. En este ambiente intelectual de la época, veo lógico que la autora aspirase a ir más allá de las paredes de su casa, pero que la sociedad opresiva se empeñó en dificultarle la tarea. 

Otra ilustración del libro en la que Jo consola a Laurie

El libro, a pesar de que es un poco complicado de resumir sin hacer spoilers tan grandes como el Empire State Building (que yo me los comí viendo la serie Friends pero que no voy a compartir aquí), he de decir que es de lo más entretenido. A pesar de que a menudo Alcott muestra escenas cotidianas, la autora consigue añadirles el toque de emoción que hace que quieras seguir leyendo, y eso a mi me engancha mogollón. En serio el vicio que crea este libro, es cosa mala. 
En lo referente al estilo, tampoco hay mucho más que añadir a lo que ya os he venido contando. Si que es curioso que el personaje de Jo use términos 'vulgares' para la época (había partes en las que sus hermanas regañaban a Jo y yo no terminaba de entender por qué 🤣)
Meg no se reconocía a si misma, se sentía audaz e independiente, y feliz de defender al joven y su derecho de amarle si así lo elegía.
En cuanto a los personajes, he de decir que resulta casi imposible no amar a todas y cada una de las hermanas March porque son personajes dolorosamente reales. Todas, con sus defectos y sus virtudes, resultan personajes entrañables y profundos, que cometen errores (y muy gordos), que se arrepienten y desean enmendar, pero también que ríen, lloran, se sienten tristes y desvalidas, que necesitan consejo y que, a menudo, dan ganas de abrazar. Realmente una les acaba cogiendo cariño, porque es imposible no enamorarse de estas cuatro jóvenes con quienes resulta asombrosamente fácil identificarse porque, a pesar de todo, no dejan de ser cuatro niñas que no saben qué va a ser de su vida, pero que tratan de vivirla lo mejor que pueden. 

¿Y a vosotr@s? ¿Os ha gustado? ¡Contadme en comentarios! Os dejo a Joey leyendo Mujercitas para que os inspire 


Besos y...

¡Hasta la próxima aventura!

24/11/18

El rincón de los libros: El Nix, de Nathan Hill



De haber sabido que su madre se marchaba, tal vez Samuel habría prestado más atención. Habría podido escucharla con más interés, observarla con más detenimiento, anotar algunos detalles cruciales. Quizá habría sido capaz de comportarse y hablar de una manera distinta, de ser una persona distinta. 
A lo mejor podía haber sido un hijo por el que valiera la pena quedarse
El Nix es la primera novela del estadounidense Nathan Hill en la que nos cuenta la historia de Samuel, un profesor de universidad de mediana edad que emplea los videojuegos como manera de evadirse de una realidad que no le gusta, y de la que culpa a su madre, que le abandonó cuando él era apenas un niño. Sin embargo, todo cambia el día en el que recibe una llamada del abogado de su madre, acusada de terrorismo por tirarle piedras al gobernador. En ese momento, y sin darse cuenta, Samuel emprende un viaje que le hará replantearse todo su pasado.

Sexo, drogas, activismo y rock and roll

Este libro me ha parecido una verdadera joya, tanto a nivel narrativo como a nivel histórico. Creo que es un libro necesario para que reflexionemos sobre qué es lo que realmente merece la pena en la vida y nos haga darnos cuenta de cómo nuestro pasado no necesariamente tiene por qué condicionar nuestro presente. Todos los personajes que podemos observar a lo largo del libro, sin excepción, sufren una evolución increíble a medida que pasa el tiempo hasta convertirse en personas totalmente distintas a cómo eran al principio, cosa que, aunque ocurra indudablemente en la vida real, suele escasear en el terreno literario.
Si optas por la solución fácil todos los días, al final se convierte en un patrón de comportamiento, y los patrones se convierten en tu vida.
El libro es un continuo ir y venir de escenarios y épocas históricas pero no se hace lioso en absoluto. Está dividido en varias partes y cada una de ellas está ambientado en un periodo comprendido entre los años 60 y el 2011. Es curioso como Nathan Hill es capaz de dibujar de manera única los paralelismos entre ambas épocas (las protestas de 1968 contra la guerra de Vietnam y el movimiento Occupy Wall Street son un claro ejemplo) y cómo trata las diferencias entre los problemas sociales del 68 y los de 2011, poniéndolos todos en el contexto del ciudadano de a pie, sin entran en largas y tediosas disqisiciones acerca de la situación internacional. Tan solo algunas referencias a la guerra de Vietnam, a Nixon y a Walter Conkrite le bastan para ponernos a todos en contexto acerca del ambiente de aquellos años tan turbulentos.

Este señor de aquí el Walter Conkrite, presentador de las noticias en la CBS y el que durante años fue "el hombre más fiable de América". 
Personalmente, el libro me hizo pensar (¿qué libro no te hace pensar, Alejandra 🤔?). Antes os decía que creo que es un libro necesario por eso del pasado y el presente y blablablabla. Pero también creo que es muy necesario por otra razón: hoy en día (y esto no me lo podéis negar) vivimos en una sociedad fatalista y radicalizada. Y nos creemos que es el fin del fin del mundo y que todo va a ir a peor y nosequé. Pues bien, resulta que este libro nos muestra que ya en mayo de 1968 (os hablo de hace 50 años) la gente pensaba exactamente lo mismo. Y los jóvenes eran mucho más radicales y mucho más vehementes en sus opiniones de lo que lo somos hoy en día. Los disturbios  y las manifestaciones de Francia y Chicago me dan la razón. En serio, la gente en Francia hacía barricadas. Y eso son palabras mayores. La gente en Francia cuando se revoluciona, lo hace pero bien.

Gente liándola parda en 1968 en Francia. Para que veáis que no os miento
Manifa yéndose de las manos en 1968 en Chicago. Pata que veáis que tampoco os miento sobre esto.
¿Por qué a pesar de todas estas manifestaciones, y todos estos disturbios no cambió nada en absoluto? (Historia triste is coming). Este es otro de los temas que Hill trata en el libro y la solución que nos ofrece es la siguiente: todos estos jóvenes crecieron. Crecieron y acabaron teniendo un trabajo estable en una oficina, y se compraron una casa y un coche todoterreno y se casaron y tuvieron hijos. Y un buen día, sin apenas darse cuenta, se encontraron viviendo exactamente como se juraron a sí mismos que nunca harían. Es más, es posible que el chico que veis arriba con sus gafas a lo John Lennon acabase trabajando en Pricewaterhousecoopers y teniendo una casaza, siete hijos y un Rolex, exactamente como ocurre con Sebastian, uno de los personajes del libro [ALERTA SPOILER: SELECCIONA LO BLANCO SI QUIERES SEGUIR LEYENDO] que pasa de ser un joven estudiante que edita un periódico revolucionario en la Universidad a ser un rico empresario sin escrúpulos, con más dinero del que cualquiera puede llegar a imaginar y que no tiene ningún reparo en pisar a nadie con tal de conseguir más dinero. [FIN DEL SPOILER] La novela nos sumerge de lleno en este ambiente y nos muestra las dos caras de una generación: por un lado, aquellos que, descontentos, se 'vendieron' al sistema y por otro lado, aquellos que permanecieron fieles a su idealismo (como es el caso de la madre de Samuel)
Ella nunca le había perdonado la lujuria de su juventud, sus deslices tempranos. Nunca se lo había perdonado, pero tampoco hablaba nunca de ello, sobre todo desde el accidente que lo había dejado en silla de ruedas, lo cual era una solución eficaz. Sí, Dios lo había castigado por su lascivia, y su mujer había prolongado el castigo durante décadas, y ahora él se dedicaba a castigar a los demás. Se le daba bien. Había aprendido de los mejores. 
En cuanto al desarrollo psicológico de los personajes, solamente puedo decir que es impecable. En el libro hay absolutamente de todo tipo de personajes, y todos ellos, sin excepción, cuentan con una profundidad única (bueno, alguna excepción si que hay, claro, pero son personajes muy muy secundarios). En la obra podemos ver desde una joven y exitosa violinista hasta un adicto a los videojuegos que lleva años y años jurándose a sí mismo cambiar, pasando por una antigua hippie lesbiana que vive en el bosque o un juez amargado en silla de ruedas. Todos ellos tienen una historia detrás y Hill nos las muestra todas para que seamos nosotros los encargados de juzgar sus acciones (o simplemente seamos conscientes de cómo han llegado hasta ahí). Y además consigue hacerlo de una manera más que brillante. 
Las cosas que más amas serán las que más daño te harán algún día.
En cuanto al estilo, simplemente os diré que leer a Nathan Hill es una maravilla. Transmite todo con una viveza única (hay una parte en la que uno de los personajes sufre un trombo pulmonar y os juro que apenas podía sujetar el libro de lo real que era todo) pero no por ello exento de humor. Hay situaciones de lo más graciosas, pero es una ironía muy bien hilada. No recurre al chiste fácil, sino que hay que tener en cuenta toda la situación, y eso me encanta.
 —Ojalá el mundo real funcionara como Elfscape —dijo Pwnage sin dejar de masticar—. Ojalá los matrimonios funcionaran así. Que cada vez que hiciera algo bien me dieran puntos hasta convertirme en un marido máster de nivel cien. O cada vez que me comportara como un capullo perdiera puntos, y cuanto más me acercase al cero más cerca estaría también el divorcio. 
Para no alargarme más (que me vengo arriba muy rápido) os diré que es un libro recomendable al 100%. Nos hace ver la realidad desde otro punto de vista, nos descubre una historia que tal vez (al menos en mi caso) desconocíamos y nos arrancará alguna que otra carcajada. ¿Qué más se puede pedir?


¿Y vosotr@s? ¿Habéis leído el libro? ¿Qué os pareció? ¡Los comentarios son más que bienvenidos! Un besazo y...


¡Hasta la próxima aventura!

11/11/18

El rincón de los libros: Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie


Princeton, en verano, no olía a nada, y si bien a Ifemelu le gustaba el plácido verdor de los numerosos árboles, las calles limpias y las casas regias, las tiendas con precios exquisitamente prohibitivos y el aire tranquilo e imperecedero de elegancia ganada a pulso, era eso, la falta de olor, lo que más la atraía, quizá porque las otras ciudades estadounidenses que conocía bien poseían olores muy característicos.
Americanah es la última novela de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie. Con claros tintes autobiográficos, la obra cuenta la historia de amor de dos jóvenes, Ifemelu y Obinze. Decididos a salir de la miseria de una Nigeria gobernada por la dictadura militar y después de que a Ifemelu le concedan una beca para irse a estudiar a Estados Unidos, el futuro de ambos jóvenes parece ligado al de la Tierra de las Oportunidades. Pero, sin embargo, las cosas entre ellos no tardan en cambiar.  
—La única razón por la que dices que la raza no fue causa de conflicto es porque desearías que no lo hubiera sido. Es lo que deseamos todos. Pero es mentira. Yo vengo de un país donde la raza no era motivo de conflicto; no pensaba en mí como negra, y me convertí en negra precisamente cuando llegué a Estados Unidos. Cuando eres negro en Estados Unidos y te enamoras de una persona blanca, la raza no importa mientras estéis los dos juntos y a solas, porque estáis únicamente vosotros y vuestro amor. Pero en cuanto salís a la calle, la raza sí importa. Pero no hablamos de ello.

Los puntos sobre las íes

Una de las cosas que más interesantes me han parecido de esta novela, es la manera en la que tiene la autora de poner el foco en un tema que, aunque no se hable mucho de él, sigue estando muy presente en nuestro día a día: el racismo. Como con muchos otros movimientos que persiguen la igualdad (el feminismo sin ir más lejos) el racismo tiende a ser un tema que, bajo el lema de "ya se ha superado eso y a las personas negras ya no se las juzga por el color de su piel" o el tan manido "no importa que seas negro o blanco, lo que importa son tus capacidades". Ngozi nos demuestra con esta novela que, de hecho, sí que importa si uno es negro o blanco, e importa mucho. A través del personaje de Ifemelu, que pasa de la pobreza más absoluta a ser una bloguera de éxito que, a través de su blog Raza o Diversas observaciones acerca de los negros estadounidenses (antes denigrados con otra clase de apelativos) a cargo de una negra no estadounidense, Ngozi pone de manifiesto los problemas reales a los que las personas negras se tienen que enfrentar cuando huyen de su propio país. 
—¿Por eso has dejado de comer? Te has quedado sin culo. Yo siempre quise tener un culo como el tuyo —dijo Ifemelu.
—¿Sabes que empecé a perder peso casi nada más llegar? Incluso estuve al borde de la anorexia. Los chicos del instituto me llamaban «foca». Como sabes, en Nigeria, cuando alguien te dice que has perdido peso, no es un cumplido. Aquí, en cambio, si alguien te dice que has perdido peso, le das las gracias. Aquí las cosas son distintas.
A través de los ojos de Ifemelu y de Obinze vemos cómo no es oro todo lo que reluce y cómo ambos tienen que hacer frente a los prejuicios raciales de una u otra manera. El libro nos muestra una visión completamente diferente de la sociedad en la que vivimos, demostrándonos que, aunque no lo creamos, aún queda mucho trecho por recorrer en el terreno de la igualdad racial.
—¡Vámonos a París mañana! —dijo un fin de semana—. Ya sé que es muy poco original, ¡pero tú nunca has estado allí y me encanta tener la oportunidad de enseñarte París!
—No puedo coger e ir a París sin más. Tengo pasaporte nigeriano. Necesito solicitar un visado, con extractos bancarios y seguro médico y toda clase de pruebas de que no me quedaré allí y me convertiré en una carga para Europa.
—Ya, me olvidaba de eso. Vale, iremos el fin de semana que viene. Resolveremos eso del visado esta semana. Pediré una copia de mi extracto bancario mañana.
Aparte del racismo, lo cierto es que la novela trata bastantes temas muy interesantes como el feminismo (no olvidemos que Adichie es una destacada feminista), el choque cultural, la necesidad de reafirmación de uno mismo en un país extranjero, la diferencia entre países desarrollados y subdesarrollados, las relaciones a distancia, la diferencia de clases o, incluso, el suicidio juvenil.

Americanah (que por cierto es el apelativo que se usa en Nigeria para denominar a las personas que han ido a Estados Unidos y luego han regresado a su país) me ha resultado una novela muy completa pero, a la vez, muy ligera. Teniendo en cuenta que la protagonista no deja de rodearse de personas que pertenecen al ámbito académico, hubiera sido muy fácil que Adichie acabase cayendo en el error de hacer una novela con un lenguaje excesivamente rebuscado o complejo, o de plantear temas demasiado abstractos y completamente ajenos al lector. Y, sin embargo, no ocurre nada de eso. En ningún momento la novela cae en un tono academicista sino todo lo contrario. Tanto Ifemelu como Obinze nos demuestran que, si bien han tenido relación con estos círculos de una u otra manera, no dejan de ser personas normales cuyo único objetivo es salir adelante de la mejor manera posible. Ifemelu es consciente en todo momento de que está viviendo en un país que no es el suyo y que nunca acabará por aceptarla por completo, y para defenderse en este mundo hostil acaba por recurrir a su ojo crítico y a su característica capacidad de decir lo que piensa sin tapujos, cosa que me encantó. Creedme cuando os digo que los 'zascas' de esta mujer son ÉPICOS.
A veces le preocupaba ser demasiado feliz, y entonces, se le torcía el ánimo y arremetía contra Obinze o se mostraba distante. Y su alegría se convertía en desazón y aleteaba dentro de ella como si buscara un resquicio por el que salir volando. 
La novela tiene el peculiar 'estilo Adichie' que, a mi personalmente, me encanta. Sus frases son sencillas pero sin llegar a ser ese tipo de frases cortas y directas, sino que se nota una preocupación por el estilo detrás. Además, la capacidad de la autora para describir los lugares a través de maneras tan sugerentes como los olores cobra una especial importancia y permiten que el lector se sumerja completamente en esta historia, que siempre te mantiene enganchado de una u otra manera.

He de confesaros que, en un primer momento, no me interesaba demasiado la historia, porque no me parecía que algo tan sencillo como la historia de amor entre dos adolescentes que se ven obligados a separarse fuese para mí. Y, sin embargo, Adichie ha sido capaz de tratar en su novela tantísimas cosas, que este libro me ha parecido imprescindible. Porque, bajo el envoltorio de la historia de amor de Ifemelu y Obinze, hay muchas más cosas que trascienden a los propios personajes y que nos hacen pararnos a pensar en la sociedad en la que vivimos. A través de sus protagonistas, somos capaces de captar cosas que solamente una mujer negra podría contarnos porque, por mucho que nos esforcemos, las personas blancas no vamos a ser capaces de verlo. Sé que esta es una verdad muy dura (y un tanto incómoda), pero esta novela nos demuestra que el tema de la raza es un tema candente incluso a día de hoy, y que es un aspecto que envuelve todos y cada uno de los instantes de las personas negras que viven en otro país mayoritariamente blanco.
«El primer paso para una comunicación sincera sobre la raza es tomar conciencia de que uno no puede considerar iguales todas las formas de racismo», dijo, y a partir de ahí, acometió un discurso cuidadosamente preparado. Cuando, al acabar, dijo «Gracias», complacida por la fluidez de su charla, los rostros de los presentes permanecieron inexpresivos. Los aplausos desganados la sumieron en el desánimo. [...] Esa noche recibió un e-mail: EN TU CHARLA NO HAS DICHO MÁS QUE CHORRADAS. ERES UNA RACISTA. TENDRÍAS QUE AGRADECER QUE TE HAYAMOS DEJADO ENTRAR EN ESTE PAÍS.
Lo curioso de la novela es la manera tan diferente en la que Ifemelu y Obinze viven sus particulares experiencias en el extranjero. Curiosamente, aunque Ifemelu era la que menos deseaba vivir fuera, es la que se lleva 'la mejor parte', mientras que Obinze, por el contrario, se ve catapultado a lo más sórdido y se lleva lo peor en la lotería que supone viajar a otro país tratando de buscar un futuro mejor:
Todo el mundo bromeaba sobre la gente que se iba al extranjero a limpiar váteres, y por eso mismo Obinze afrontó su primer empleo con ironía: en efecto estaba en el extranjero limpiando váteres.
Lo que más me ha cautivado de esta novela, aparte de el hecho de que sea increíblemente completa, es cómo los personajes van evolucionando sin que apenas nos demos cuenta. Puesto que transcurre a lo largo de 15 años, vamos asistiendo a la maduración de los protagonistas y vamos viendo cómo cambian a la vez que nosotros vamos cambiando con ellos. Me gusta que en la novela se respire constantemente un poso de realidad que, sin duda, emana la propia experiencia de la autora. El libro es casi como una especie de 'guía vital' para todos aquellos jóvenes africanos que quieren emigrar a países como Estados Unidos (una guía que, por otro lado, les demuestra que no es oro todo lo que reluce y que no todo es perfecto solamente porque uno se ha ido al extranjero, que es algo que yo creo que todo el mundo tiende a pensar), a la par que permite que las personas blancas que vivimos en los países desarrollados podamos ser capaces de darnos cuenta de nuestras propias estupideces. Adichie señala con el dedo todos y cada uno de los vicios de la sociedad blanca (empezando por el empeño de hacer ver a toda persona negra con la que nos encontramos que No Somos Racistas poniendo ejemplos como que 'tenemos un niño apadrinado' o intentar sacar el tema de África sin venir a cuento), a la par que nos muestra las distintas caras de las personas negras que vienen a lugares como Europa con el único objetivo de labrarse un futuro mejor que el que ya tenían, aunque el que tuviesen desde un principio no fuese tan espantoso como el que tendemos a imaginar.

En definitiva, con Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie no ha hecho otra cosa que ofrecer un puente hacia el entendimiento entre razas.

 ¿Y vosotros? ¿Qué opináis? ¿Habíais leído algo de Chimamanda? ¡Dejad vuestro comentario! Un besito y...

¡Hasta la próxima aventura!