23/2/17

[SPOILER] De cómo Quentin Tarantino llegó a escribir la mejor película de amor existente



"Llevo en la agencia cuatro días y eres mi tercer cliente. Quiero que sepas que soy una persona con sentimientos y no lo que los tíos llamáis una tirada. Soy ante todo una persona. Y cuando se trata de relaciones sentimentales soy 100%... 100% monógama"
- Alabama Whitman

De todas las películas románticas que he visto hasta la fecha (entre las que figuran desde clasicazos como Casablanca, Love Actually, Desayuno con Diamantes o Vacaciones en Roma hasta El Diario de Noa, Shakespeare In Love e incluso aquella malísima película en la que Jennifer López es una planificadora de bodas) he de decir que, sin duda, la única que es capaz de retratar ese misterioso estado del cerebro humano representado por un angelito regordete en pañales que va lanzando flechas con forma de corazón más a siniestro que a diestro, no tiene absolutamente nada que ver con los títulos anteriores. No hay lacrimógenas separaciones en el aeropuerto a media noche, ni nadie se afana en aprender un nuevo idioma para, de la noche a la mañana poder confesar su amor a la mujer amada, ni tampoco besos bajo la lluvia. Hay tiros, muertos, heridos, drogas y sexo. Pero también hay amor del de verdad (y del feminista).


El film en cuestión se llama Amor a Quemarropa (título horriblemente traducido del inglés True Romance, o Romance Verdadero) y está escrita por Quentin Tarantino y dirigida por Tony Scott. Es una película del año 1993 (con calidad del año 1993) pero es la única película que he visto que se ha logrado acercar a lo que significa amar de verdad. La relación de Clarence y Alabama no es perfecta en sí misma (empezando porque ella es prostituta y acabando porque ambos están buscados por una mafia siciliana a la que han robado una maleta llena de cocaína, eso sí, sin querer). Por el contrario, son ellos dos los que día tras día luchan por hacerla perfecta a través del diálogo y la confianza ciega el uno en el otro. No se trata de gestos grandilocuentes (aunque matar al chulo de tu mujer porque le pegó una paliza sí que podría considerarse un gesto “grandilocuente”) sino de cosas tan simples como cuidar del otro cuando está herido, hacer lo posible y lo imposible para mantener a la otra persona fuera de peligro, decidir juntos las decisiones a tomar o, simplemente, aspirar a construir un futuro mejor para los dos.

Tal vez la razón más importante que me haya hecho otorgar a ‘Amor a Quemarropa’ mi particular premio a Mejor Película Romántica Vista Hasta la Fecha sea el personaje de Alabama Whitman. Y es que hacen falta más mujeres como ella sobre la gran pantalla y, especialmente, en las películas románticas en las cuales el sexo femenino suele tener el dudoso honor de ser ‘las cortejadas’ en vez de ‘las cortejadoras’. Alabama es todo lo contrario a eso. De hecho, es con su voz con la que empieza la narración de la historia, es ella la que toma la iniciativa de acercarse a Clarence, es ella la que decide dónde reunirse con el asistente del productor al que pretenden vender la droga, es ella la que se pelea con el matón que va en busca de la droga y es ella quien lo mata mientras Clarence está fuera y ni siquiera se entera de la historia hasta que todo ha pasado. Esta escena es, sin duda, el culmen de la película:


Resulta realmente gratificante ver que, por una vez, es una mujer (Patricia Arquette) la que es capaz de echarse sobre sus hombros todo el peso del filme encarnando a alguien que sabe lo que quiere y que no se acobarda ante lo que le viene encima, sino que lucha frente a ello. Y da que pensar el hecho de que se trate de una película de hace 24 años la que mejor sea capaz de retratar cuáles deberían de ser los pilares de una pareja: el amor, la confianza, el perdón, la comunicación, la sinceridad, la humildad, la valentía… Cosas que hoy en día no se dan en prácticamente ninguna película romántica, siempre pobladas de tramas bastante comunes e insulsas en el que el rol de las mujeres deja bastante que desear y que, dentro de su aparente “normalidad” nos presentan una visión del amor que, a menudo, es sencillamente irreal y plagada de clichés que, sorpresa, sorpresa, el propio cine ha contribuido a crear.  Al contrario que todas esas películas románticas típicas, Amor a Quemarropa no es una película de un amor irreal presentada en un entorno posible, sino que se trata de un amor muy real presentado en un entorno bastante imposible. Decidir con cual quedarnos ya es cosa nuestra. 
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