2/9/16

En defensa del jazz de Chet Baker


He de reconocer que no soy especialmente melómana. Sin embargo, a veces llega a mis oídos algún artista de esos que pone los pelos de punta, que emociona y no sabes muy bien por qué. Es el caso de Chet Baker que, pese a su carrera a menudo interrumpida por sus múltiples estancias en la cárcel debido a su adicción a las drogas y su prematura muerte a los 56 años al caerse desde la ventana de un hotel en Ámsterdam, es, sin duda, una de las mejores y más atractivas voces que el mundo del jazz ha tenido jamás. 
Muchos amantes del jazz se están echando las manos a la cabeza en estos momentos mientras gritan cientos de nombres como Louis Armstrong, Dianah Washington, Frank Sinatra, Ella Fitzgerald o Billie Holiday. Tal vez incluso alguno que otro esté recordando la trompeta de Charlie Parker (con quien Baker debutó en Los Ángeles a los 23 años). Y es que, aunque sí que trabajó con grandes artistas como Stan Getz o Dizzie Gillespie, la historia no le ha reservado el lugar que le corresponde, junto a todas las grandes estrellas de este maravilloso género. Así que he preparado algunos de los motivos por los que la figura del señor Baker debería ser (aún más) valorada:

1-Porque hace mucho con muy poco.


Cuando Chet Baker canta, uno sabe a qué le canta. Las letras de Baker son claras y sencillas. Todas ellas. Cuando uno escucha a Chet Baker cantar, casi se puede imaginar la escena en la que el cantante se ha inspirado para escribir la canción. Y aunque es bien sabido por todos los amantes del jazz que las canciones van y vienen de unos a otros (y muchas, claro está, no las compuso el propio Baker) su sencillez interpretativa las sigue haciendo sublimes. 

2-Porque cuando toca la trompeta, se luce sin lucirse. 


A diferencia de Charlie Parker, cuya trompeta suena como un pájaro gorgoteando en una ventana (por algo el sobrenombre de Bird), Baker no asume que el ritmo es sinónimo de talento. Simplemente, se amolda a lo que quiere expresar la canción. Y a partir de ahí, todo fluye. 

3-Porque entiende de sentimientos como nadie. 


Chet Baker tiene ese poso que tienen las almas que, ya desde que nacieron, son viejas y saben de la vida. Y eso se nota en la forma en la que interpreta las canciones. Es esa magia que no se puede explicar es otro de los motivos que le hace único. 

4-Porque es la encarnación del jazz. 


Todo aquel que haya escuchado jazz sabrá que tiene una esencia única que cada artista adopta como puede. Es la esencia de las almas malditas como la de Baker, la de Billie Holiday o la de muchos otros artistas que sienten a flor de piel y que viven el amor como nadie. Y, al fin y al cabo ¿no es el jazz la música que mejor es capaz de captar la esencia del amor y del desamor? Y es que Chet Baker, en sus canciones, sabe captar lo que cualquiera que se haya enamorado (y desencantado con el amor) ha sentido alguna vez, condensarlo, y ofrecérnoslo en una canción como si todo ese proceso fuese lo más natural del mundo. Si Frank Sinatra era La Voz, yo diría que Chet Baker es El Jazz. 

5-Porque su voz rota es pura magia. Y el que no se lo crea, que escuche 


6-Porque escucharle es casi como hacer un viaje interior. 


Hacer el experimento de escuchar por completo el disco Chet Baker sings (que fue un exitazo cuando salió en 1954 y que no era sino el debut del joven artista) es casi casi una experiencia mística que le lleva a uno a recorrer todos los rincones de la memoria. Y si no me creéis, haced la prueba. 

7-Porque no se camufla. 


Baker canta lo que siente. Simpe y sencillo. Su música no se nota forzada o se hace cansina como ocurre con algunos otros artistas. Es como si, mientras cantase, nos diese una palmada en el hombro y nos dijese ‘es lo que hay’. Sus letras son, en definitiva, como dardos directos al alma de uno. 

8-Porque no es (muy) conocido. 


Muchos de los artistas más importantes de su tiempo llegan a la cumbre de la fama pasado algún tiempo, cuando el mundo de repente se da cuenta de que dejó pasar un gran talento. Creo que, en el caso de Baker, ha sido precisamente al revés: aunque en vida sí que fue conocido por el gran público (de hecho, su penúltimo concierto fue en España, concretamente en El Jhonny), tras su muerte, ha habido una especie de silencio respecto a su figura. Y es demasiado bueno como para que caiga en el olvido. 
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